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Vencedores

13 enero 2012

− No es que sea un perdedor, mi amigo José, pero desde luego no es un ganador. Ya desde muy joven se le veía la falta de ambición. Este se va a quedar en el pueblo, pensabamos, y así ha sido.
»Ahora nos mirará con envidia el pobre, distribuidos por el mundo en los trabajos más diversos, la vieja pandilla, mientras él sigue allí en medio de la nada. Viendo pasar las estaciones. Eso es lo que hace. Y un viaje anual y la barbacoa de los domingos con su mujer y sus hijos. Su taller no le da para mucho más.
»A veces viene a verme y se le ve contento con su vida. Pero el pobre infeliz escucha con tanto interés mis batallas que me veo obligado a restarles importancia.
»Habrá que hacer algo para que sus hijos no sigan su ejemplo. Habrá que mostrarles lo que el mundo puede ofrecerles, meterles la ambición en el cuerpo, las ganas de prosperar. Prosperar hacia donde pregunta mi amigo José. El pobre…

− Lo siento pero son las siete ya. Por hoy basta. Mañana a la misma hora. No olvide tomar su medicación. Y si continúa sin poder dormir intente leer o cocinar o cualquier otra cosilla antes que quedarse en la cama, ¿de acuerdo?

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Pan, T

15 diciembre 2011

“Pan, T” es lo que se podía leer en un muro del Balneario de San Miguel en Almería el 14 de Agosto de 1976.

El cadaver de un joven de 19 años, Javer Verdejo, yacía en la playa cercana abatido por un tiro. Según la guardia civil, unos jovenes fueron sorprendidos haciendo la pintada e ignorando la orden de alto salieron corriendo. Un guardia civil tropezó y su arma se le disparó alcanzando accidentalmente a uno de los jovenes que huían.

Que la familia no denunciara en su dia los hechos ayudó poco para saber en detalle lo que ocurrió. El caso se cerró con la controvertida versión que exhimía a la guardia civil de culpa a pesar de las dudas que surgían de algunas pistas y de las versiones de los compañeros. Las autoridades intentaron que la muerte de Javier no dinamitara la situación en una época convulsa de por sí.

Javier Verdejo era hijo de Guillermo Verdejo, farmaceútico que había sido años atrás alcalde de Almería. En su biografía (murió con más de 90 años en Febrero de 2011) como científico y persona ilustre de su ciudad se suele mencionar que un hijo suyo, militante en una organización de izquierda revolucionaria, fue muerto violentamente en 1976.

En el entierro el féretro de Javier Verdejo fue arrebatado a la familia por sus compañeros y fue llevado a hombros por decenas de personas que se iban turnando de entre la multitud que acompañaba al ataúd durante los tres kilómetros que separaban la iglesia del cementerio. Una auténtica manifestación a pesar de que Roberto García-Calvo, gobernador civil de Almería en 1976, “aconsejó” a diversos activistas políticos de izquierdas que no se armara demasiado alboroto.

Roberto García-Calvo murió en 2008 siendo miembro del Tribunal Constitucional desde que en el 2001 fuera propuesto por el PP.

En el artículo 10 de La Ley de Memoria Histórica re recoge una indemnización de 135000 euros a los hijos o conyuge (en sentido amplio) o en su defecto a padres, nietos o hermanos de los fallecidos “en defensa y reivindicación de las libertades y derechos democráticos” entre enero de 1968 y octubre de1977.

Todos los años aparecen pintadas nuevas donde se puede leer el lema completo que Javier Verdejo pretendía escribir: “Pan, Trabajo y Libertad”.

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A mi imagen y semajanza

6 diciembre 2011

Mi atormentado discípulo, escucha atentamente, esta será la última de mis enseñanzas. Dentro de unos minutos moriré.

Descubre tu rostro.

Conoces las herramientas que posees. Hemos invertido mucho tiempo en mostrártelas bien. Las has ejercitado hábilmente, tanto las físicas como las mentales. Por supuesto no dudo de que eres consciente de que su poder excede a tus necesidades. Has de saber, si no lo has adivinado ya, que eso es una anomalía en una naturaleza por lo demás armoniosa. No encontrarás en este planeta nada igual a ti. En efecto. No encontrarás jamás compañía. Tanta diferencia lo impedirá.

No le busques sentido a lo que eres. La respuesta no es más que un dado que ha ido dando vueltas hasta quedar en equilibrio sobre una de sus esquinas. Único y extraño. Pero nada más. No hace falta nada más para ser que el estar.

Y sin embargo ahí es donde vivirás. No dejaras nunca de intentar entender y dar significado al caos. La inutilidad de la tarea te frustrará día tras día. Ni siquiera sentirás alivio tras hacer lo que vas a hacer ahora. Aun así, adelante. Es el justo pago por tu formación. Tus instintos merecen ser escuchados y yo ansío descanso. Tu comienzo es mi final.

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Arte no amateur

23 noviembre 2011

Lo vacío de mi discurso no es solamente mérito mío. Tened en cuenta que, digámoslo así, he sido amablemente invitado por las circunstancias a no reflexionar. O al menos a dejarlo para momentos muy ocasionales. Alguna tarde en la que mi mp3 se ha quedado sin pilas a medio camino y me he visto forzado a llegar hasta mi casa sin nada en lo que lograr centrar mi atención (la publicidad de las marquesinas se repite en demasía). O cuando no he tenido un tebeo a mano junto a la taza del váter y me he visto allí sentado sólo sin un triste champú cuya lista de ingredientes poder leer detenidamente en el par de minutos que tenía por delante. Y ya está. Pocos más instantes han resistido el embate.

Mi condición de lector voraz no sólo no ha servido para defenderme de esas, insisto en el término, circunstancias, sino que ha acompañado y acaso hasta pulido mi vacuidad. La inmensa mayoría de mis lecturas, diría todas si no fuera por mi exquisita moderación, han sido escritas por gente cuyo bienestar dependía de lo que escribía. Sí, por supuesto, libres, independientes y hasta democráticos y sostenibles. Grandes profesionales que me entretienen y me enganchan con sus productos tanto como lo hacen las hamburguesas. Y en cuanto a la otra actividad a la que le dedico tiempo, el cine, pues anda por los mismos lares, temiendo la invasión bárbara mientras al final de las películas aparece sí o sí el chorro de nombres de personas que han trabajado en ellas. Personas que probablemente quieren seguir trabajando en el sector. ¿Cómo no me van a dar lo que quiero? Son gente competente.

Y con este bagaje sumado a los monólogos estériles que cruzo con la gente ¿qué fondo queréis que anuncien mis palabras? Aprendo de lo que veo que no es poco. Soy un monito de imitación. Que hay elegidos por ahí destilando genialidad en medio de este lodazal, seguro, sin duda, y mis ojitos abiertos a ver si soy capaz de localizarlos. Búsqueda en progreso como dicen los ordenadores. Pero no vayáis a pretender que mientras tanto yo, con estos mimbres, vaya a esculpir ahora el David.

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Fluidos versus sólidos

3 noviembre 2011

Mi colega Klaus, peor físico que yo por cierto, y me aventuro a decir que no sólo cientificamente hablando, llevó a cabo cierto experimento hace un par de años. No lo remitió a ninguna publicación porque el cajón donde guarda las cartas con el “lo sentimos bla bla bla”, el primero empezando por abajo de su escritorio, pide a gritos una ampliación que él no está dispuesto a conceder. Prefiere organizar pequeñas cenas en las que, eso hay que reconocérselo, se trabaja minuciosamente el que no se le cierre el grifo para seguir investigando a pesar de su paupérrima productividad científica. Para ellas hace una espléndida selección de comensales, entre los que por supuesto me encuentro junto a otras eminencias científicas y no menos eminentes altos cargos, científicos o no pero con dinero que repartir, y una exhibición de verborrea digna de ser rodada y distribuida como una clase magistral de encantamiento.

Hace un par de años, como decía, nos contó mientas esperábamos los postres que había ideado un método gracias al cual provocando la alegría de manera controlada en diferentes individuos podía materializar esas sensaciones producidas y recogerlas en recipientes como quien recogiera el sudor que provoca el miedo intenso. Como era de esperar no nos dio información acerca de la metodología, marca de la casa de Klaus, pero si nos habló de los resultados. Las alegrías formaban un líquido que contra todo pronóstico resultaba bastante negruzco. Pero lo más curioso es que la solidificación de dicho fluido no se producía bajando la temperatura sino aumentando la cantidad de materia. Es decir, cuanto más líquido había en el recepiente más viscoso era. Y esto sucedía hasta un punto en el que se convertía en una especie de hielo. Klaus consideraba esto prueba suficiente de que su experimento era un éxito y que, en efecto, esa especie de hielo, esa alegría solidificada, es nada más y nada menos que la felicidad.

Aceptando estos resultados como quien acepta pulpo como animal de compañía y con la copa que hábilmente sucede a los postres estuvimos un rato hablando de las consecuencias e implicaciones del descubrimiento. Quedó explicada por ejemplo, al menos como hipótesis, la insistente búsqueda de la felicidad del ser humano. Esta búsqueda, de innegable existencia por estar documentada hasta la extenuación texto tras texto a lo largo de la historia escrita, parece lógica ya que con el estado sólido alzanzado, es decir con la felicidad hecha una piedra, se consigue garantizar la no perdida de material. Incluso se podría prescindir del recipiente una vez solidificada dicha felicidad. Sin embargo, con el líquido primigenio que forman las alegrías esto no sería posible, ya que resulta evidente que cualquier pequeño agujero puede ser causa de la perdida completa del material obtenido. Así podriamos entender la felicidad como la optimización de circustancias para que las alegrías no terminen pidiendo paso en la alcantarilla más cercana. Hasta ahí el debate fue dinámico pero no acalorado. Otra cosa fue cuando Klaus nos reveló la dificultad que surgió para seguir recogiendo alegrías de los individuos para los que la felicidad había solidificado. La sospecha de que para mantener dicha felicidad no hacen falta alegrías nos llevó poco menos que a las manos. De hecho mi monóculo acabó en el suelo y apareció minutos después profusamente pisoteado, casualmente según me insisten. Estarán conmigo en que las implicaciones de la afirmación son, cuando menos, gravísimas, ya que postulan un individuo feliz como un ente prácticamente inerte.

Finalmente en un arranque de sabiduría y voluntad supimos retirarnos y llevarnos las últimas reflexiones a casa, donde, en mi caso y en el de cualquiera con un mínimo criterio, en el revistero junto al retrete el trabajo de Klaus puede acompañar a la literatura tipo conócete a ti mismo, a periódicos pasados de fecha y a la propaganda del supermercado del barrio.

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El frigorífico

22 julio 2011

— Deben ser felices
— ¿Si?
— Yo creo que si. Tienen un montón de imanes en el frigórifico.
— Eso no significa nada.
— Sólo he visto la entrada y la cocina. También tienen colgado un examen de matemáticas con un sobresaliente, debe ser de su hijo. Y todo está muy limpio. Y tienen una  licuadora. Y felpudo.
— Si son felices es porque se quieren, no por como decoren la casa o por las cosas que tengan.
— Ya.
— …
— Bueno, que cada uno lo intente como pueda ¿verdad?
— A ver si en el proximo viaje que hagamos nos acordamos de comprar un iman. Podriamos coleccionarlos.
— Claro. Buena idea.
— …
— ¿Eres feliz?

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Trampas de supervivencia

15 julio 2011

– ¿Se puede decir “morí”? No me suena bien, ¿Tal vez mejor “fallecí”?

– Se puede decir, pero es siempre mentira.

– Lo escribiré. No será mentira cuando tú lo leas.

– Pero era mentira cuando tú lo escribiste.

– Eso es insignificante. ¿No es cierto que será una verdad durante mucho tiempo, mucho más de lo poco que va a aguantar siendo mentira?

– Visto asi…

– Pues eso. Morí.