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“…y aqui vengo yo”

7 enero 2009

 

El 11 de Marzo de 2003, Craig mediante un correo se justificaba frente a su hija: no es que él escondiera la cabeza como los avestruces para ignorar lo que pasa en el mundo, sino que es inevitable para un padre no pretender que su hija tenga la cabeza bien protegida bajo tierra, bien salvaguardada de amenazas… incluso amenazas a la felicidad como el conocimiento y la conciencia.

 

Craig conocía a su hija y sabía que mirar el mundo no le iba a hacer bien. Su hija le contestó a aquel correo confesando que de vez en cuando le gustaba construir fantasías para evadirse de lo que veía a su alrededor. En ese momento Craig se hizo una idea de lo feas que tenían que estar las cosas alrededor de su hija.

 

Rachel Corrie nunca había podido desviar la mirada. En correos anteriores les había estado contando a su familia y amigos sobre lo que estaba presenciando en Palestina. Había ido allí para ayudar, porque no podía vivir cómodamente ignorando lo que estaba pasando, sintiéndose además cómplice como norteamericana. Algo que tan fácilmente podemos hacer la mayoría. No es que no miremos lo que está pasando, es que ni lo vemos. Ella no podía hacerlo. Tenía un problema de convivencia con las injusticias.

 

“He aquí la Tierra, y aquí vengo yo” se había dicho tiempo atrás mirando el lago Capitol, en su ciudad natal. Comparar el mundo que entonces imaginó con las atrocidades que ahora veía le atormentaba. La gente que ahora tenía a su lado había crecido día a día rodeada de dolor y violencia, con una privación de derechos tal que casi no podía creer en la humanidad que aun destilaban. Ella se iría de allí en unas semanas. Ellos no podían ni acercarse a la orilla del mar.

 

Rachel Corrie murió cinco días después aplastada por un buldózer delante del cual se había plantado para impedir que tiraran la casa de un médico y su familia. Tenía 23 años. La carta a su padre fue la última que escribió. En ella acababa proponiendo a su padre un juego para hacer la vida un poco más fácil. Simularían que ella estaba de acampada. Evadirse un rato de la realidad les permitiría descansar un poco.

 

Hoy, casi seis años después de la muerte de Rachel Corrie, quedan pocos juegos que permitan no ver lo que está pasando en la Franja de Gaza. Hasta con la cabeza bajo tierra se huele el horror.

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2 comentarios

  1. Te voy a leer. Gracias por estar.


    • Gracias a ti. Por ser.



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