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El camino irrenunciable

14 enero 2009

A veces vacilo y maldigo la ciencia. Me siento extraño en esos ratos, no está en mi naturaleza. No está en la naturaleza de las personas. Queremos saber, explicarnos todo lo que vemos. Es uno de los motores que llevamos en algún rincón de las entrañas y que nos hace movernos en constante busqueda.

Quizá sea eso. Tal vez cuando creemos que conocemos algo, cuando no encontramos muchas preguntas sin respuesta con respecto a un tema, nos deja de interesar, el fuego se queda sin combustible.
¿Os imaginais mirando la luna hace unos miles de años? Allí arriba en medio de la oscuridad, a veces ausente, a veces reina de la noche, dejándose mirar y mirando.

Ahora sabemos que no es la diosa que, enamorada de Endimión tras encontrarselo dormido en una cueva, se arrodilló ante Zeus para que a su amante se le concediera vida eterna, que no le faltara nunca. Ahora sabemos que no viaja por los cielos en su barca cuidandonos de los malos espíritus. Ahora sabemos que es una roca. Una enorme piedra. Y nos agarramos a historias como la enigmática luna azul, que aparece cuando una segunda luna llena llega en un mismo mes, porque el misterio nos es agradable.

No maldigo la ciencia porque haya puesto una respuesta lógica donde había una turbadora pregunta. No nos podemos salir de ese camino, y en ese camino hay respuestas. Sólo es que a veces prefiero no analizar si soy más feliz o menos con cada avance, ¿o es que la felicidad no está al final de ese camino irrenunciable? ¿O está en otro camino diferente? Quizá haya que buscarla en los pasos que vamos dando, vayan a donde vayan.

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6 comentarios

  1. ¡Qué bonito lo que cuentas de la luna!

    No me lo había planteado así al mirarla, aunque me parece tan bella… A partir de ahora me lo parecerá más.

    Un saludo.


    • Si que es bella. Da igual si tiene una bandera clavada, si sabemos cuando va a aparecer, su peso en toneladas o la temperatura de superficie. Conserva su aura de misterio y cuando te cruzas con ella te hipnotiza. No conozco mayor bruja.


  2. La felicidad va dentro de cada uno, o está o no está, luego hay potenciadores que consiguen que podamos verla. La luna lo es.


    • Yo más que llevarla dentro, a veces creo que es una ilusión, un espejismo en el desierto. Pero aunque suene extraño lo digo para bien.
      Puede que la luna ayude a ver oasis donde no los hay, y en realidad, eso es de agradecer ¿verdad? Mucho mejor que tanta arena.


  3. Lo bueno de la ciencia es precisamente lo que no está a su alcance: aquello que está más allá de la naturaleza, de lo físico. Es el “agujero negro” del ser humano que oculta fenómenos del todo inexplicables. Para la ciencia y, las mejores de las veces, para el propio ser humano.

    Por cierto, ayer vi(mos) una luna llena preciosa…


    • Pero ¿la ciencia admite la existencia algo fuera de su alcance? Me temo que lo negaría, solo podría admitir un “fuera del alcance hoy en dia”, jeje.
      La cosa es que la luna sigue siendo preciosa, sea lo que sea.



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