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El Rorro y Mateo Romero

27 enero 2009

Rogelio Rodríguez, el Rorro, murió arrodillado, con las manos esposadas a la espalda y los pies atados. El hombre que le disparó nunca volvió a hacerlo sin encapuchar previamente a su victima. Con el tiempo incluso dejó de matar.

El Rorro se dio cuenta de que iba a morir al minuto de ser asaltado en la calle y metido a empujones en un coche donde entre dos hombres lo inmovilizaron antes de que le diera tiempo a abrir la boca. No hay posibilidad de volver, pensaba el Rorro esperando en vano que le vendaran los ojos.

Mateo Romero vestía de uniforme cuando empuñó el arma y apretó el gatillo. Con uniforme es mucho más fácil matar, como si la carga de conciencia que significa quitar una vida se diluyera entre todos los que visten tu mismo uniforme.

El Rorro no llevaba uniforme, pero no dudaba de que Mateo Romero miraba hacia fuera desde el suyo, lo que era un problema porque desde el punto de vista de un grupo no ves a nadie, sólo más grupos. El Rorro sabía que Mateo no veía a Rogelio Rodríguez al otro lado del cañón de su pistola. Por eso hizo lo único que podía hacer. Mirarlo a los ojos. Allí estás tú. Y aquí estoy yo. Que supiera que a Rogelio Rodríguez no le estaban matando, que a Rogelio Rodríguez le está matando Mateo Romero.

Mateo Romero se llevó de la escena los ojos del Rorro metidos en su cabeza para siempre. Y no está contento con ello. Le hacen infeliz.

Rogelio Rodríguez sigue sin vida, cosas de la muerte que no es banal como bien sabe Mateo Romero.

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2 comentarios

  1. Me gusta como lo cuentas.
    Pero una cosa se me escapa.¿Porqué mató el uno al otro? Ya que insistes en que Mateo se encargó de mirar al Rorro a los ojos para que supiera que era él quien lo mataba, se supone que hay una pequeña o gran historia de venganza detrás del asesinato. O, ¿es que no es importante y lo único que quieres resaltar es que el asesinato se queda siempre en la conciencia del que lo comete?
    Se te queda un poco corto de datos.

    Imagina que eres un lector de este episodio narrado por otro escritor. ¿No verías esta historia incompleta?

    Esto es sólo mi humilde opinión, que no tiene por qué ser la correcta.

    Un saludo y me alegra leerte de nuevo.


    • Hola Sara,
      parece que a los dos se nos escapa algo ¿no? je. Me alegro. Eso es que miramos con interes.

      Supongo que todas las historias son incompletas, aunque nunca vacías. Van entretejidas y aportandose unas a otras.
      Sé algo más de lo que pasó entre el Rorro y Mateo Romero. Y de alguna otra gente cuyas historias ayudan a comprender esta.

      Gracias Sara. Por tu blog y por pasarte por aqui.



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