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En cuerpo y… química

1 febrero 2009

 

Ya hay un esquema básico. Está hecho a mano alzada, sin detalles, pero la idea final se puede entrever. En la paleta de colores bien mezclados unos cuantos genes y a ver que sale. Una serie de hormonas por aquí, unos receptores por allá y ahí la tenemos. El alma.

 

Terminar el cuadro será complicado pero la labor tendrá sus frutos. La ansiedad fuera, los miedos fuera, calma envasada frente a los nervios y pastillas de felicidad para los sábado noche. Unas spray de oxitocinas para estar enamorado durante dos años y algo menos de testosterona para mañana. La dopamina alta por favor, dopamina que no me falte. Y que no se nos olvide algo de vasopresina para cuando los efectos de las oxitocinas se apaguen.

 

Que bien. Vamos conociendo todos los sumandos hasta que al final sepamos el resultado. ¿Somos eso? ¿El producto de una suma? ¿La respuesta a una pregunta? ¿Sólo eso? ¿Un poco de teoría de evolución más un poco de química? Menudos pinceles son esos. Capaces de dibujar cualquier cosa. Debería alegrarme de contar con ellos. No se porqué me deprimo.

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7 comentarios

  1. Es curiosa la de sustancias químicas que citas en tu segundo párrafo. Me temo que al fin y al cabo somos sólo eso, química, una reacción entre dos o más compuestos. Hace poco que siento la desolación de saber que no soy especial. Que no hay ningún Dios que me cuide o vele por mí. Es duro. De niña me enseñaron que Dios no abandona a sus hijos. Es muy difícil romper con todo eso. Aún ahora me asombro de mí misma cuando digo que Dios no existe. Y, amigo mio, la idea del alma está tan vinculada a la idea de Dios…

    Un abrazo y gracias por tus reflexiones.


    • Hola Sara,
      entiendo la desolación de la que hablas. Somos tan especiales como el dibujo que forma un puñado de arena cuando es arrojado al suelo. No habrá dos iguales… pero lo que se dice alma, poca ¿verdad?

      Si calculamos el movimiento de cada grano de arena, su velocidad y dirección de salida, las interacciones con otros granos, la gravedad exacta, las corrientes de aire, etc. podríamos predecir el dibujo formado, ¿no? ¿Somos un puñado de arena, aunque muy grande y complejo?

      Una de dos, o llevamos lo mejor que podamos esa falta de alma, ese “no ser especiales”, o habrá que esforzarse en inventar algún hueco para una incognita en toda esta ecuación.

      De momento yo, no se si obedeciendo a mi alma o a causas químicas, te mando un abrazo.


  2. Carai, cómo me ha hecho pensar tu relato. Me ha angustiado, mucho pensar que estamos tan predeterminados por las leyes de la química, de la biología o de la física incluso. Igual que me agustia pensar que, sin ánimo de ofender, el Dios que dicen que existe nunca me avandonará.

    Menos mal que he encontrado mi clavo ardiendo, pues solo si conocemos con precisión infinita todas las variables que condicionan el movimiento de los granos de arena podremos predecir cómo caerán exáctamente. Menos mal que detrás de infinitos decimales existen otros infinitos más. Menos mal que nuestras “químicas” tienen cierto margen de error, y que lo más probable es que todas sean distintas.

    Quizá un poquito especiales sí seamos, despues de todo, no?


    • Hola Ana,
      ¿entonces es eso lo que nos hace especiales, verdad? la cantidad de variables, los margenes de error…

      Puede que si, y supongo que está bien, pero se me queda corto al lado de haber tenido un alma. Sólo diferenciarme de las piedras en complejidad es un paso atrás en mi autoestima, aunque sé que hubiese sido un paso adelante si el punto de partida hubiese sido otro.

      Saludos. Y clavos ardiendo. No podemos desfallecer.


  3. Hola de nuevo,

    Verás, yo no creo que lo que nos diferencie sea solo la complejidad, sino el desconocimiento.

    Cuando hablo de margen de error y de infinitos decimales, también, y sobre todo, considero el hecho de que no conocemos ni el 10% de las variables que se necesitan conocer (con precisión infinita además) para poder predecir un comportamiento o un caracter o una actitud, etc, es decir, para poder definir o intuir la existencia de un alma.

    A lo mejor una de esas variables sigue una ecuación sumamente trivial cuyo resultado es algo similar a nuestra añorada “alma”. Pero no podemos saberlo, y menos mal, porque quizá no sea así.

    No sé, yo parto de la base de que la mayoría de todo es desconocida, que no hay ni pinceles ni colores suficientes en nuestro poder para pintar nuestro retrato, bueno, mejor dicho, que aunque los haya no están bajo nuestro control. Como ves, en mi esquema de “supervivencia mental” cabe el alma, el destino, el infinito, incluso la magia! Puedes llamarlo vivir en la ignorancia, que básicamente es lo que es!

    Es como tu retrato de la Luna, del cual luego quisera hablarte también. Una vez conocida la verdad, se pierde la magia de la leyenda. Eso es cierto, pero nuestro conocimiento de las cosas, de lo único que es capaz es de descartar leyendas, no de saber la verdad completa, que quizá sea más emocionante, más compleja o más simple. Quizá sea lo que haga especial a la Luna.

    Especiales no sé si seremos, diferentes, muchísimo, y lo mejor es que no sabemos ni cuanto ni por qué. Quizá eso nos dote de alma fuentedesed, y nos haga especiales, por qué no?. Yo prefierno no saberlo y seguir viviendo en la leyenda. Menos mal que Goya no existe, gracias a Dios, para verificarlo. O eso creo yo.


    • Somos diferentes, digamos distintos, pero eso no nos hace especiales y así lo percibimos, aun sabiendo que no sólo nos define un grandisimo y complejo número de variables sino que alguna de esas variables es específica e irrepetible para cada uno de nosotros.

      Y eso nos gusta, pero nos falta algo. Estoy de acuerdo en que es la ignorancia la grieta que nos salva, la magnifica grieta donde no sabemos lo que hay y por tanto todo cabe, misterios, magia, incluso un alma que si nos haría sentir especiales, inexplicables y diferentes de verdad, como si cada uno hubiesemos sido hechos a mano y animados después por una chispa mágica.

      En lo que discrepo, es en que estemos contentos con esa ignorancia. Esa es la paradoja. Con esa grieta parece que nos sentimos bien, pero no podemos parar de intentar taparla. ¿Consiste por tanto nuestra esperanza en que por nuestra naturaleza seamos incapaces de tapar esa grieta? Eso nos deja en una difícil situación, donde nos hace felices caminar, siempre que no miremos a donde vamos ya que el destino es inalcanzable.

      Quizá me haya salido del tema. O quizá no.


  4. Si, es cierto, todos tendemos a intentar averiguar el por qué de todo, a tapar esa grieta. La ignorancia en la que yo vivo, que es mi clavo ardiendo, la que me hace vivir en una leyenda donde todo es posible, se ve amenazada siempre por esa curiosidad innata, nunca satisfecha.

    Me encanta tu capacidad de expresar viejos sentimientos: “siempre que no miremos a donde vamos ya que el destino es inalcanzable.” Qué gran verdad. Pienso que vivimos en esa dificil situación.

    En fin, pintaremos más clavos.



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