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Susana Fernández y Julio Prado

16 febrero 2009

Lo han matado, decía Susana Fernández sin sombra de duda. Julio Prado la escuchaba pero no quedaba convencido. Aun así permanecía callado. Se alegraba de que Susana Fernández pensara eso. No la quería ver como una muerta viviente con el mal de la esperanza metido en las entrañas.

Las entrañas de Julio Prado, por el contrario, si estaban infectadas. No había esquina que doblase sin preguntarse quien aparecería al otro lado. No sonaba el teléfono sin que a su cabeza viniese ese quien, ese nombre, ese mote.

Susana Fernández y Julio Prado no superaron nunca la perdida. Han sido desde entonces dos personas tristes. Julio Prado, además, desesperó. Y enloqueció. O algo así. Ahora ni siquiera sabe quien es, o al menos no le importa. Va agarradito del alcohol que además de librarle de la esperanza le ha otorgado el don del olvido.

Susana Fernández lo ve y le envidia. Las cosas que pasan.

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