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Hojas cayendo de un árbol

23 febrero 2009

Soy humano. Aprendo. Me tropiezo dos veces en la misma piedra. Me tropiezo cien veces en la misma piedra, pero ninguno de los tropiezos es igual. Miro, pruebo, fallo, analizo, busco e intento, aun inconscientemente, que no me vuelva a pasar. Pero parece que hay piedras muy grandes. Cien veces son muchas veces. Y me canso. Soy humano.

Entonces acepto el fracaso. Me conformo. Aunque como lo de la conformidad me rechina ahí adentro, transformo eso en la aceptación sensata de las condiciones, o de mis límites, un vasito de agua para tragarse una pastilla.

El caso es que hay días en que ya me pueden colgar lastre que todo me lo llevo hacia arriba. Y voy volando a la altura de las nubes sin pensar en esos otros días. Esos en los que por muchas alas que aten a mi espalda no logro dejar de arrastrarme. Y voy a ras del suelo sin pensar que pueda volver a despegar.

Y ya no me creo las causas. El viento quizá. Como una hoja que cae del árbol. Poco importa si es un poco más grande o más pequeña, si tiene un tono ligeramente más verde o menos, poco importa lo que tenga la hoja que decir cuando vienen las rachas de viento.

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3 comentarios

  1. He recordado un libro llamado “¿quíen se ha comido mi queso?”. Es uno de esos libros que en principio rechazo, los de la clase “manual de auto ayuda”. He de reconocer que el mensaje que pretende enseñar mediante la simple historia de un ratón al que impiden la llegada hasta el sitio donde siempre comía de un gran queso se me quedó grabado.
    Todos nos damos cabezazos contra un muro, cada uno tenemos el nuestro propio. Hay veces que el muro no se puede sortear porque te han robado la voluntad. Pero hay otras veces que sí se puede hacer.

    Un abrazo y mucho ánimo.


    • Hola Sara
      creo que yo no se sortear muros, si no puedo romperlos a base de cabezazos ahí se quedan. No suena muy inteligente ¿verdad?
      ¿Que hacía el ratón? ¿Acababa aceptando que ya no podía comer de ese gran queso? Supongo que si, sin duda los ratones son más listos que yo, je.

      Un besazo.


  2. Hola.

    Al final el ratón se va por otro de los pasillos del laberinto, pero después de mucho lamentarse y darse cabezazos. El espera el mismo queso, en el mismo sitio. Otros ratones se mueren de hambre. El protagonista no. En ese otro pasillo encuentra un queso grandioso.

    Esto es sólo una historieta. La vida es mucha más rica en matices y en posibilidades. Yo también me perdí en la espesura de las tinieblas, no sabía ni quería salir de allí. El tiempo me ayudó en parte. La otra parte que no sanó no se recuperará jamás.

    Un abrazo.



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