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Vidas auxiliares

6 abril 2009

Parece haber dudas sobre la muerte de Dolores Armijo. Muchos creen que el barco en el que viajaba hacia las Filipinas naufragó, pero puede que sea una creencia nacida del deseo. Nuestra extraña inclinación a la justicia no nos permite tolerar alegremente que Dolores Armijo alcanzara el destino que había elegido y viviera feliz lejos de lo que había dejado atrás. ¿Su culpa?

Un joven de 27 años que se pegó un tiro poco después de que ella cerrara la puerta a sus espaldas y dejara claro que no se iban a volver a ver nunca. Ella no estaba enamorada. Nos parece inexplicable porque él era todo un romántico del siglo XIX como sólo ese siglo alumbró. Alguien inquieto, preocupado con el mundo que le rodeaba y con un enorme talento. Y enamorado. Casi estamos obligados a pensar que ella si se le quería pero que puso por encima del amor otras cosas más mundanas. ¿Pragmatismo? Inadmisible. Que se ahogue.

A Mariano José de Larra no le hicieron falta muchos años para ganarse la inmortalidad. O al menos que siguiéramos mentándolo tanto tiempo después, que es todo lo inmortal que se puede ser. Sabemos cuando nació, como fue su vida y cuando murió. De Dolores Armijo sólo sabemos lo que es necesario para completar la biografía de Larra. Y ni de cómo murió estamos seguros porque en nada ya afectaba a nuestro atormentado romántico.

La historia dicta sentencia. Hay vidas famosas y vidas anónimas. Aunque podríamos diferenciar otro grupo. Algo así como vidas auxiliares. Pero todos estamos igual de vivos, al menos mientras estamos vivos ¿no?

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4 comentarios

  1. Bien es cierto que hay vidas que ofrecen amparo 😉


    • amparo… curiosa elección. Bien es cierto.


  2. Qué historia tan interesante la de Larra. He investigado en Google algo más sobre Dolores Armijo, parece que fué el gran amor del escritor, pero estaba casada, qué morbo… En aquel tiempo lo de tener queridas era normal, pero claro, las queridas no podían ser casadas. Pobre Larra, a los veintiocho años quitarse la vida por amor. Yo conozco a una mujer que se tiró por la ventana también por amor. Estaba hablando por teléfono con un hombre cuando su madre la oyó decir: Ahora verás si te quiero o no te quiero. Seguidamente dejó el auricular descolgado y se tiró de un segundo piso. No murió. Afortunadamente está bien. Por aquel entonces ella tenía un hijo de cinco años.
    ¿Hasta qué punto el amor puede transtornarnos?
    ¿Sería más acertado decir el desamor?

    Estoy pensando que la historia de esta chica, de la que llevaba tanto tiempo sin acordarme bien merece una entrada en mi blog. Me pondré a ello, a ver que sale.

    Un abrazo.


    • Hola Sara,
      Me da la impresión de que es el amor el que nos trastorna. El desamor es el difícil aterrizaje después del vuelo.
      “Ahora verás si te quiero o no te quiero”. Impresionante.



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