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El gran teatro

16 junio 2009

Debe estar al fondo del tercer whisky, aunque yo no siempre la encuentro. Parece que si son más de las doce de la noche y si no has cenado aumentan las probabilidades de que aparezca. El caso es que en un momento dado levantas la vista y notas que con el último trago te la has debido tragar. La poción mágica.

No hay duda. Los efectos son claros. No hay ni decisión ni proceso alguno. Simplemente ya no estás en el escenario donde se representa la función sino sentado en una butaca de espectador.

La primera escena que ves suele ser el camarero. O más bien, ahora lo sabes, al que hace de camarero. Al principio la sensación es extraña y observas algo aturdido como cumple su rol. Te da la sensación de que solo está jugando. Jugando a ser quien es. Al rato dejas al camarero con su interpretación y giras la vista con curiosidad. El elenco de actores y actrices es espectacular.

Tus amigos haciendo de tus amigos. Concretamente haciendo de unos amigos que se lo pasan bien. Y desconocidos cumpliendo como extras. Personajes secundarios hasta el momento, aunque seguramente los principales de otra obra.

Al poco te das cuenta de que la función no es muy interesante. Tal vez por eso. Por ser solo teatro. Sobrios cumpliendo sus papeles. Unos orgullosos y otros resignados con los guiones que les han tocado. Guiones normalmente flojos. Y algún ebrio en la butaca de al lado con el que te cruzas la mirada y sonríes con complicidad. Aunque muy brevemente, porque enseguida te encuentras preguntándote como te verá él cuando tú no te hayas tomado la dosis de pócima. Cuando estés desarrollando tu papel. Un hilo más de una trama aburrida.

Sabes que al abrir los ojos el día siguiente estarás de nuevo encima de las tablas. Casi mejor así. La butaca tampoco es un gran sitio. Probablemente es más entretenido jugar que ver jugar.

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7 comentarios

  1. Que bueno, me ha encantado el post.

    Sin duda todos jugamos nuestro rol (y bajamos la guardia cuando estamos indispuestos) pero me gusta pensar que de algún modo algunos mantenemos esa distancia con el resto del rebaño, suficiente como para que sin dejar de hacer lo que todo el mundo, al menos, seamos conscientes de por qué lo hacemos.

    Saludos.


    • Hola .undermind
      Pero hay una cosa que me intranquiliza.
      Dicen que algunos actores se llegan a volver locos y acaban creyendose su papel… ¿y al revés? ¿Se puede una persona volver loca de tanto actuar sin creerse su papel?


      • Bueno, me temo que eso es un riesgo que habrá que correr. De todas maneras me asusta más creerme el papel que volverme loco.

        Lo ideal es encontrar a un grupo de gente que tampoco se crean sus papeles. Es una buena vía de escape poderse quitar la careta al menos un ratito.

        La ultima salida es que te importe todo un pito y hagas lo que te salga del lado oscuro. Al menos de vez en cuando.

        Saludos.


  2. La curiosidad es fundamental para crear.
    🙂

    Un bico.


    • Pues curiosidad que no falte…
      Y bicos tampoco!


  3. Es muy interesante lo que cuenta.

    Yo también he pensado en lo de representar un papel, te viene esa sensación a veces, durante unos pocos segundos, como mucho unos minutos, lo has expresado muy bien, es del lado del espectador, desde la butaca. Parece como si tuvieran una percepción extra sensorial.

    Un abrazo muy, muy grande.


    • Son minutos extraños. Es curioso pero ¿verdad que en su transcurso no se está deseando volver al escenario?
      Abrazo gordo.



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