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Fermín Bueno y Mateo Romero II

25 junio 2009

Iba a ser su primer bastón. Eligió el que consideró más discreto, en la tienda no los había invisibles. Se lo entregaron dentro de una enorme bolsa de plástico y Fermín Bueno se sintió ridículo en el camino de vuelta. Lo racional sería sacarlo de la bolsa y empezar a usarlo, pero decidió que la transformación, ese instante en el que pasaba de ser alguien a alguien con bastón, era mejor hacerla en casa. Sin que nadie pudiera verlo. ¿O tal vez en una cabina, como superman? pensó sorprendido al descubrirse planteándoselo en serio.

A Mateo Romero de pequeño, con aproximadamente un metro de altura, le encantaba tocar los techos con las manos y mirar a la gente desde arriba. Para él era como viajar. El mundo cambiaba de forma. Por eso cuando veía a su abuelo no pasaban más de dos minutos sin pedirle que le subiera a los hombros, sabiendo que él siempre accedía. Hasta que apareció con un bastón. Y ya no se lo volvió a pedir. Algo en la imagen no le cuadraba.

Fermín Bueno sabía que el bastón venía con extras, pero no había pensado que dejar de subirse a los hombros a su nieto sería uno. Cuando se dio cuenta se mantuvo en silencio. Algo en la imagen no le cuadraba. El bastón. Maldito tiempo.

Mateo Romero no volvió a subir a los hombros de nadie para ver el mundo desde otra perspectiva. Al poco tiempo incluso dejó de pensarlo. Fermín Bueno si lo continuó echando de menos. Sentado en su casa se imaginaba a él sobre los hombros de su nieto. Y se preguntaba sorprendido si se lo estaba planteando en serio.

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5 comentarios

  1. Cuánta ternura puede albergar un pensamiento sorprendente…

    🙂

    Me encanta leerte. Un beso


    • ¡Gracias!
      Que pena que se quedara en un pensamiento tierno ¿verdad? y no se convirtiera en una locura llevada a la práctica…
      Un besazo.


  2. Nada de pena, esta donde tiene que estar. Un pensamiento tierno, puede perder su encanto al llevarlo a una loca realidad y perder la sonrisa que te provoca en el lugar en el que esta, todo tiene su lugar y su momento. Tal vez por eso lo dejaste así, esta genial y yo me quedo con ello, con una tierna sonrisa por ese encantador pensamiento.

    Repito…no dejes de escribir…Gracias


    • Uy! Ha punto has estado de convencerme, pero voy a encabezonarme…
      la ternura es algo que sentimos los espectadores, pero ¿y Fermín? ¿Que siente Fermín?
      Gracias a ti.


      • jajaja…mejor no juguemos a ver quien se encabezona mas …. tu lo escribes tu ganas, pero yo cuando te leo me siento personaje y me creo los sentimientos y pensamientos de ellos, por lo cual podriamos hablar sobre lo que siente Fermín, pero al final…ganarias tu ya que es tu historia…en fin…que nos sigas dejando disfrutarte 😉



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