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Trenes

14 septiembre 2009

Ahí viene otro tren…

Y yo que llevo siglos en esta estación no me levanto del andén donde estoy sentado en el suelo por no parecer desesperado. Pero lo estoy.

Éste no ha pasado de largo. Se ha parado y ha abierto sus puertas…

Acomplejado intento disimular el temblor de manos y cojo la mochila. Pesa. Pesa mucho. Apenas puedo levantarla. Supongo que tendré que deshacerme de algo de carga sino quiero quedarme aquí con ella para siempre. Miro de reojo las vías.

La puerta del vagón que está a mi altura, ya sin pasajeros bajando o subiendo, amenaza con cerrarse…

Mis miedos desatados se disfrazan de desesperanza. Convierto la angustia en pereza, más llevadera. Seamos realistas, esta estación no está tan mal, tengo mi hueco hecho.

El tren se aleja en silencio…

Se ha marchado. Como el anterior. Como el siguiente. Siento que alguien me ha vuelto a engañar. Ha sido un cabrón con mi misma voz. Disimulo mi cara de lelo y finjo que estoy estirando las piernas antes de sentarme de nuevo. No miro como se va haciendo pequeño el vagón de cola, pero no hago más que pensar en donde será su próxima parada.

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9 comentarios

  1. Qué triste 😦
    Habrá que plantearse otros medios de transporte, a ver sin con ellos va mejor 😉

    ¡Besitos, viajero!


    • Como aterrice un globo cerquita del andén me subo antes de llegar a pestañear.
      Besito!


  2. La angustia en pereza, la pereza en inquietud,… (si he entendido bien) 🙂
    Y la inquietud en ambición ¿es posible?
    Me gusta volar, y también me gusta mirar desde la ventanilla del vagón del tren, pero despacio, sino me mareo.

    Un besazo, guapo.


    • La pereza más bien me inquieta.
      Al viajar, siempre ventanilla.

      Un besote!


  3. …como siempre metiendo el dedete en la yaga!!!!!!

    Espero algún día seas capaz cortar las correas de tu mochila que es el grillete que te ancla al anden y si poder coger el próximo tren y disfrutar del viaje, sin temores, mirando al frente, descubriendo cada paso como nuevo y saboreándolo como plato que nunca has probado. Sabiendo que tiene su principio y su fin como todos los viajes y que no por eso es menos apasionante ni merece menos la pena. Despacito para poder disfrutar de cada paisaje y con la ilusión, la inquietud e inocencia del primer viaje. Sin recuerdos ni comparaciones con otros viajes, por que cada viaje es único e irrepetible.

    FELIZ VIAJE!!!

    PD: mandame una postal

    como siempre…gracias
    por seguir metiendo el dedete en la yaga


    • Menudo viaje ese que describes. Sin embargo, a riesgo de parecer pesimista, me temo que aunque deje la mochila en tierra en un rato descubriré que me he llevado alguna piedra en el bolsillo…
      ¡no! ¡espera! voy a revisarme antes ¿ves la piedra en mi mano? ¡Mira ahora como vuela! 😉


      • jeje, mejor
        si algun dia lo consigues cuentamelo, me encantara saber que alguien consiguio dejar la mochila atras, la mia por mas que lo intento, en cuanto me despisto ya la tendo colgada de mis hombros, joer que pesada es!!!!!
        algun dia lo conseguire, nunca se sabe, igual coincidimos en el mismo tren….


  4. La figura del tren es muy acertada para expresar nuestra falta de iniciativa, la timidez o el encubrimiento de algo que sabemos que debemos hacer pero no hacemos, una historia de amor acabada, un remordimiento, la certeza de no haber estado a la altura…Tantas cosas podemos meter en sus vagones…Quiero compartir contigo este poema de Martín López Vega que también habla de un tren. Espero que te guste.

    TREN DE CERCANÍAS
    Yo fui ese niño
    que con enormes ojos mira
    en el escaparate
    al tren eléctrico dar vueltas.
    “¿Ya ha llegado el catálogo
    de Ibertren de este año?
    Quería siete curvas
    como esta y tres rectas
    de once centímetros”.
    Y miraba en su caja
    el flamante tren de cercanías,
    siempre alejado de mi presupuesto.
    Una casa número seis
    y una estación con árboles.
    ¡Cuántas tardes perdidas
    en el bazar Oviedo,
    enamorándome
    del nuevo tren Estrella
    o de una estación alemana!

    Hoy he descubierto de nuevo
    a aquel niño en mí mismo,
    subido al tren de L´Entregu,
    leyendo un libro
    (La vida
    es una muchacha que corre lejos…)
    soñando
    con aquel tren de cercanías
    y con la estación alemana,

    con otra vida.


    • No conocía al poeta, gracias por presentarmelo Sara.
      Parece que nos pasamos la vida soñando con trenes y estaciones. De juguete siendo niños, lejanas siendo mayores. Siempre soñando. Otras vidas claro.

      Un beso grande.



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