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Acción y reacción

6 octubre 2009

Y sucedió que el hermano mayor, muchacho justo y virtuoso, dudó. Y es que ya sumaban varios días en los que en el banco donde tenía por costumbre sentarse al asistir a misa, inmediatamente a su derecha se colocaba un señor de aspecto cansado que justo antes de soltar el cesto de limosnas que iba de mano en mano sustraía del mismo todo lo que la sutileza de la acción le permitía.

Fue en su búsqueda de lo justo que frenó su primera intención de denunciarlo al párroco. Supo, porque se esforzó en saber, de las penurias del hombre y de que esos hurtos iban destinados a dar de comer a una familia acosada por la mala suerte y necesitada de momentos donde descansar del hambre. Sin embargo, aunque concienciado de la ausencia de maldad en aquella acción, la duda sobre como actuar le carcomía. Y no sin razón.

Porque sucedía que su misma familia no era más afortunada que la del hombre de su derecha ni pasaba menos hambre. Y es por eso que miraba de reojo a su hermano menor, sentado a su izquierda, temiendo que le sacara el asunto dado que, a buen seguro, también se había percatado de esa mano que no dejaba sino que tomaba.

Él se sabía referente de su hermano pequeño, al que siempre le habían enseñado a aprender de su buen hermano mayor y que, obediente, le preguntaba sobre todo aquello que no entendía bien, siempre complaciéndose en las sabias respuestas de su hermano.

Y así el hermano pequeño esperaba prudentemente a ver que hacía el mayor para saber que era lo justo, mientras el mayor ni podía denunciar aquello sin que eso le persiguiera por las noches ni podía no denunciarlo porque aquello equivaldría a decirle a su hermano que robara cuando lo viera necesario. Y lo podía ver necesario en ese mismo instante. Así que acabo por cambiar de banco en la parroquia creyendo que no actuando salía del paso.

Pero aquello no dejó de ser un acto. Y el hermano pequeño lo vio y aprendió. Algo aprendió.

Inspirado en “Los ojos del hermano eterno”, de Stefan Zweig

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7 comentarios

  1. La vida se complica cuando nos convertimos (o convierten) en ejemplos a seguir.
    Claro que, por supuesto, no es fácil elegir si chivarse o no en este caso. Imagino que el hombre actúo como buen cristiano 😛

    ¡Besitos!


    • Supongo que todos tenemos ejemplos y todos somos ejemplos para alguien, buenos o malos. No nos podemos quedar fuera, incluso aunque elijamos no actuar… como buenos cristianos 🙂

      ¡Besotes!


  2. Los del PP hacen lo mismo con Valencia: miran para otro lado…

    Me ha encantado el estilo de este relato. Muy bien narrado!

    Besos


    • Miran para otro lado pero con la mano en el cesto de dinero…
      Gracias! Un abrazo


  3. Hola, pasate http://caoticaamnesica.blogspot.com/ y deja tu opinión. Y muévelo por los blogs que visites por fa 😉


  4. Me gusta leerte, si, mucho. Narras muy bien.
    Un abrazo, 🙂


    • Y a mi leerte a ti… que nos tienes abandonaitos 😦
      Un fuerte abrazo!!



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