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La conozco

6 noviembre 2009

Me acordé de pronto. Llevaba unos minutos con el pensamiento pululando en mi cabeza mientras la escuchaba, yo conozco a esta chica, ¿de que conozco a esta chica? Cada gesto que hacía, cada tema que abordaba me reafirmaba en mi convencimiento aunque no parecía acercarme a la solución. Llegué a preguntarle, perdona ¿no nos conocemos de antes? Ella me aseveró que no. Pero no me convencía. ¿Dónde la he visto antes? ¿Dónde? ¿Dónde? Y de repente, como digo, me acordé.

Me despedí precipitadamente fingiendo que me acababa de acordar de un asunto y salí hacia mi casa no sin antes decirle sinceramente que la llamaría más tarde. Había logrado recordar quien era pero necesitaba comprobar unas dudas que se habían precipitado por la puerta de entrada cuando esta por fin se desatascó. Hay que ver como funciona el cerebro.

Primero busqué en las novelas negras, me sonaba que podía ser ahí. Iba sacando los libros de la estantería y hojeándolos durante unos minutos. Luego los dejaba en el suelo. No tuve éxito y seguí con la ciencia ficción. Mismo resultado. Después me vino una corazonada. ¿Un comic? Además la búsqueda era más fácil. Pero nada. Clásicos rusos, realismo mágico, americanos malditos, narrativa francesa actual. Nada. Y en los estantes cada vez menos libros.

Seguí buscando sin seguir criterio alguno. Libro a libro conforme estaban colocados. Y no mucho después la vi. La mejor amiga de la novia del protagonista. Era ella. No había duda. El nombre era otro pero eso no me logró confundir. Descrita durante unas diez páginas poco después del comienzo del libro. Las leí detenidamente mientras no podía dejar de sonreír orgulloso al ir confirmando su identidad. El mismo físico, las mismas maneras. Sabía que la conocía. Lo sabía.

Pero había algo que aun permanecía en el umbral de la puerta. Algo que pedía paso tímidamente después del tropel anterior. Mi autocomplacido cerebro lo ignoraba al principio, sin embargo, no sin cierta desgana, acabó por dejar entrar un nuevo pensamiento.

Miré con miedo hacia el final del libro. Y en efecto. Allí volvía a aparecer. Leí apesadumbrado como se descubría que ella estaba detrás de la malvada trama que había intentado acabar con el amor de su amiga y el protagonista. Mierda, pensé. Por supuesto no la llamé.

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5 comentarios

  1. Ay, la trama de la vida… muchas veces nos gustaría tener a mano el capitulo final de algunas historias para comprobar si lo que hacemos nos llevará a buen camino. Claro que de ser así, qué rollo madre! Además yo, tengo prohibido leerme los finales antes de tiempo. Ya se llegará.

    ¿Y si la amiga de la protagonista se ha reformado?

    ¡Besitos!


    • Los finales son siempre tristes ¿no? de lo contrario es una historia a medias. Lo que yo no quiero saber por adelantado es la trama que es donde te puedes tropezar con alegrías 😉
      ¡Muchos besos!


  2. Todo lo que termina, termina mal, que dice Calamaro.
    Estoy de acuerdo, de no ser así, ¡no terminaría!

    Besitos


  3. Todo acaba para volver a empezar. Después de recoger la cosecha, se prepara el campo y de nuevo se siembra.
    No todo tiene un final triste y, de qué depende?
    Depende, todo depende, de cómo se mire todo depende.


    • Un punto seguido y hasta un punto y aparte pueden aparentar ser finales felices, pero un punto final… me cuesta verlo. Pero en fin, tampoco yo veo mucho, dependerá como dices de la vista de cada uno.
      Un beso.



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