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Cuentas pendientes

11 diciembre 2009

Ten cuidado niña, no debe quedar mucho tiempo para que vengan unos hombres a hablar contigo ¿Lo han hecho ya? Supongo que no, todavía es serena tu expresión. Vendrán en coche, uno que a ti te guste, te conocen, sabrán si elegir uno oscuro y elegante o uno más juvenil y deportivo, bajarán de él con una sonrisa y te será imposible no escucharlos. Ten cuidado, insisto, por que van armados de razones. Con una lógica inquebrantable te explicarán como ahora mismo desperdicias tu tiempo. Te harán ver como cada día se te van horas haciendo cosas que no valen para nada y acto seguido, calculadora en mano, te enseñarán como no perder esas horas. El tiempo es finito, eso ya lo sabes, pero cuando se vayan además sabrás como ahorrarlo, como emplearlo eficientemente para que cuando cada noche te acuestes puedas calcular cuantos minutos has ahorrado gracias a sus técnicas.

Pero te advierto niña, no me perdonaría si no lo hiciera, que el tiempo no se puede ahorrar, no se puede guardar para luego recuperarlo, es como intentar que no se escape el agua de un colador. Gasta tu tiempo cuando lo tengas porque cada segundo que pasa se despide de nosotros para siempre.

No hablo por hablar. No te enseño por vergüenza la cuenta del tiempo que yo he ahorrado. Supongo que me debo considerar rico. Y en efecto he ganado mucho dinero. Y he gastado otro tanto. Soy el ejemplo que te mostrarán para demostrar sus teorías, la sonrisa tras el cepillado dental, el éxito que perseguir, pero te advierto niña que algo falla, que miro atrás y me digo, vale, lo has hecho bien, no has perdido el tiempo, pero lo que es vida tampoco encuentro, y ahora quien me devuelve a mi ni un minuto de esos que tan eficientemente ahorré. Casi mejor, niña, me avisas cuando los veas venir, que tengo ciertas cuentas que arreglar con ellos.

Inspirado en “Momo”, de Michael Ende.

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13 comentarios

  1. Antes de llegar al final ya sabía que se trataba de Momo. Ay, ¡cómo me gusta este libro! Lo leí por primera vez con 11 años y desde entonces sueño con ser esa muchacha con abrigo viejo hasta los pies.

    ¡Qué bonitooooooooo!
    Gracias por compartirlo 😉

    Un besazo y feliz finde.


    • Yo también lo leí hace tiempo, pero es que es difícil olvidar a esa niña. Menuda historia su historia, toda una clase magistral del mundo donde vivimos.
      Un besazo.


  2. Uy, cuántos hombres grises de éstos conozco yo! Pero a puñados!

    Un abrazo


    • Están por todos lados!


  3. Maxi, tu cuenta de tiempo ahorrado, no creo que de vergüenza.
    La respuesta al primer comentario, a las 9:21.
    Tio.Que hay que dormir. Que sueño debes tener.

    Te lo dice, uno que tiene el saldo del tiempo, en números muy rojos.

    Me voy que no tengo tiempo que perder.

    Un abrazo.


    • Jeje, dormir no es de lo que mejor se me da.
      Ni perder el tiempo es de lo que mejor se te da a ti.
      Un abrazo!


  4. Entrañable y cierto. Siempre necesitamos más tiempo. Esto me trae a la memoria un trabajo que hizo mi hija. CTA, o sea, centro del tiempo añadido.Tiempo, Tiempo. Por qué no hay más tiempo? A quién hay que pedir más tiempo? Rafael Alberti en su “Arboleda Perdida”.
    Un abrazo.


    • Como decía Roy Batty en Blade Runner:
      “Tiempo. Necesito tiempo.”
      Un abrazo


  5. Cuanto más escucho esa palabra, “tiempo”, más la odio. Y más vergüenza siento por haber caído tan fácilmente en esa venta barata de los hombres grises que,en la realidad, no se distinguen tan fácilmente como nosotros, lectores omnipresentes, podemos hacer en ‘Momo’.

    Quién quiso controlar el tiempo, qué tamaña soberbia! Y, sin embargo, recuerdo el retrato de la sociedad africana que hacía Kapuscinksy en “Ébano”. Ahí (en los retazos vírgenes de esa África violada), para las personas el tiempo pasa simplemente cuando sienten que, de alguna manera, lo están empleando; el resto no existe. Por lo tanto, nunca lo pierden, nunca se les escapa. Quizá sea puro instinto de resistencia…

    Abrazos imperecederos


    • Estoy de acuerdo en que no siempre es fácil distinguir a los hombres de gris. De hecho todos corremos el riesgo de incluso no solo ser sus víctimas sino unirnos a ellos.
      No lo conocía y me ha gustado eso del “tiempo empleado”, mucho mejor que lo de poner en las lápidas no la edad sino una suma de horas en las que se ha “disfrutado” como propone Bucay (con perdón) en El Buscador.
      Me ha gustado como digo, aunque creo que se me escapa algo asi que me apunto la referencia para profundizar…
      ¡Muchas gracias!


      • La filosofía del tiempo en África es un tema alucinante… te cambia la perspectiva,te hace plantearte ¿qué cojones hemos hecho la sociedad occidental con el tiempo, por qué le hemos dado esta interpretación? La Revolución Industrial lo cambió todo: aceleró los días, las horas, impulsó el sentido de la impaciencia, desde el momento en que lo artesanal sucumbió en nombre de la producción en cadena hasta que los trenes nos hicieron creer que las distancias se podían “acortar”, cuando lo que realmente hacíamos era perdernos el paisaje, el camino.

        No quiero ponerme pesad@ (¡!) De Kapuscinsky cualquier título es un tesoro. Ébano es un maravilla. Anota, anota 😉
        Un beso, sin prisas


  6. Ayyyy Momo, cuando se conoce a esa niña, inevitablemente se te queda aferrada en el alma. Yo también leí el libro de niña, y acaban de darme unas ganas terribles de volver a leerlo.


    • Vaya con Momo, veo que no somos pocos los que la llevamos agarrada a las tripas. ¡Y más tendríamos que ser! Quizá otro gallo nos cantaría.
      Feliz relectura si al final te animas.



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