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El destino

21 diciembre 2009

Por un lado tenemos a Rosa. Ahora mismo no es difícil distinguirla, es la única chica de toda la biblioteca vestida de gogó. No entremos en el porqué. Baste decir que, en este caso, de la insólita combinación biblioteca-gogó el elemento extraño es el vestido. Rosa acude tres días por semana a esa misma biblioteca y, aunque alguna discoteca también ha pisado, nunca se le ha visto bailando más de lo estrictamente necesario para no desentonar los sábados por la noche. El caso es que, como todo el mundo sabe, los días los carga el diablo y pasan cosas que ni los arcanos de un tarot, ya sean menores, mayores o máster del universo, pueden predecir, y muchas de ellas tampoco pueden ser explicadas a posteriori por muy bueno que sea el idioma usado, y en esa esquina, junto a la biblioteca, sola, vestida de gogó, un viernes a las siete de la tarde, situó a Rosa la vida, o el tiempo, o como quieran denominar al vehículo en el que vamos. Así que Rosa, que siempre fue una chica especial, o al menos que se parecía a muy pocas otras chicas, por que especial es toda persona vista de lo suficientemente cerca, Rosa, algo harta, eso sí, de tanto vaivén un día si y otro también, analizó su situación geográfica y temporal y, ni corta ni perezosa, se puso a caminar sobre sus largos tacones de aguja hacia la biblioteca con la sana intención de ojear la prensa y leer tranquilamente un capítulo o dos de algún ensayo sobre migración rural, un tema que le fascinaba, planeando, con perdón, ir después por fin a casa a taparse las extremidades y el ombligo, algo desacostumbrado este último a tantos espacios. Y, tras coger tres periódicos y con el hola de la bibliotecaria atascado antes de ser pronunciado, subió entre el murmullo del personal de limpieza hasta el segundo piso, el de las mesas de estudio, mientras algunos chicos daban gracias a Dios por dotar a su pueblo de escaleras y minifaldas, y allí se encuentra Rosa ahora buceando entre estadísticas demográficas y fotos de pueblos deshabitados.

Por otro lado tenemos a Cristobal, o Cristo como a él le gusta que le llamen, nombre quizá algo pretencioso pero objetivamente más corto, que está en uno de los puestos de ordenador de esa misma biblioteca y al que sí es más difícil de localizar uniformado como va de hombre joven y con peinado de hombre joven como el resto de los hombres jóvenes que compran en tiendas del centro para jóvenes, que son todas las que hay todo sea dicho. A Cristobal no se le distingue mirándole sino mirando lo que él mira y es que no hay en la pantalla que tiene delante una cuenta de correo electrónico ni dos tetas intentando asomarse bajo una sonrisa ni siquiera la cartelera de cine sino un montón de páginas escritas por él mismo con toda una compilación de actividades artesanales perdidas hoy en día. Normalmente es en casa donde trabaja cada tarde, aunque puede que el término trabajar no sea correcto, ya que Cristobal ni cobra ni tiene intención de hacerlo y lo que hace lo hace como el que guarda sus poemas favoritos en una carpeta escondida dado que la cabeza de uno es menos segura. Pero hoy en casa había visita familiar y Cristobal, que aunque sabe que le hace falta alguna curva cerrada con precipicio incluido para amenizar sus lineales días, no es el alboroto de sobrinos recién nacidos lo que considera asunción necesaria de riesgos en la batalla contra la monotonía, así que allí en la biblioteca se ha plantado en calidad de refugiado y allí permanece sin levantar la vista de la foto de una vieja alpargata de esparto.

Y ya está. No hay más lados que valgan por que la señorita casualidad dejó el trabajo a medias, y por eso no hay película sobre Rosa y Cristobal, por que no se han conocido ni visto siquiera, e igualmente por eso el que a Rosa le encanten los perros y Cristobal los odie no es un problema a superar. Ojalá lo fuera. Supongo.

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22 comentarios

  1. Me han encantado tus personajes.
    Curiosa esa sensación de esperar siempre que pase algo.
    En este caso no hubo ¿suerte?
    Bueno, quizá se encuentren un día sin que tú lo cuentes 😉

    Besitos y feliz semana.


    • Supongo que tenemos la sensación de que siempre pasa algo por que no se suele contar que no pasa nada, cuando quizá es lo más común ¿no?
      Un besazo.


  2. …entonces te leo y me dejas sin palabras y de digo a mi misma, ¿qué coño puedo decirle yo a este tipo ahora mismo? Solo que a veces, me impresionas.


    • Pues te quedarás sin palabras si tú lo dices, pero entonces ¿como has logrado ruborizarme?


      • Eso no me lo creo!


  3. Es curioso pero yo siempre tengo la misma sensación, tus textos me alteran siempre aunque nunca se en qué forma exactamente. Y nunca sé qué coño comentar.

    Esta vez con lo que me quedo es que las apariencias engañan y sé muy bien a qué te refieres, casi a diario me doy cuenta de que me prejuzgan por mi aspecto. El otro día fui a pedir un presupuesto para 6 mesas de oficina y casi tuve que decirle a la dependienta “¿oye, tu quieres vender o no?, no haces mas que ponerme pegas y te quiero comprar 6 mesas!!”

    Saludos.


    • Prejuzgar en alguna medida es casi inevitable, pero los que con eso emiten un veredicto y etiquetan… uff, se podían comer las mesas esas con papas ¿verdad?
      Un abrazo.


  4. Eres genial, tienes el don de captar la atención de todos nuestros sentidos….
    Es muy sencillo leerte e inmediatamente visualizar la imagen con todo tipo de detalles.
    Tu escritura es muy amena, cercana y verosimil, de ahí que empatizar con la emoción que quieres transmitir es sencillo.
    Eres un buen comunicador, me encanta.

    No creo en la suerte, ni en la buena, ni en la mala, creo en la ambición en conjunción con la paz, es lo que trae todo lo bueno a cada una de nuestras vidas.

    Dices si, y la bondad aparece de la mano de la dulzura, de la alegría, y sobre todo del amor.

    Un abrazo lleno de besos.


    • Normalmente solo creemos en la mala suerte. La buena suerte sabemos justificarla y merecerla, pero a la mala suerte la consideramos una especie de castigo divino sobre nosotros pobres inocentes. Como dices lo más probable es que no exista ni una ni otra, aunque también me muestro dubitativo sobre nuestra capacidad para dirigir medianamente que cosas han de aparecer en nuestras vidas. Bueno, o al menos sobre mi capacidad. Hay quien en ese puesto vacío a los mandos pone a Dios, hay quien pone a la suerte y hay quien no sabe ni donde va.
      Ese abrazo lleno de besos.


  5. existe el destino?
    Yo me apunto a la casualidad o quizás a lo que nuestro cuerpo emite, sean olores, química o como se quiera llamar. Eso propicia el encuentro entre dos seres. El destino es como el amor, nada perfecto. Hace falta la intención, la voluntad y el valor para, tal vez, manipular y aún así…nada sale como uno quiere. Seguiremos con la incognita. Fue antes la gallina o el huevo?
    Deseo que estos dias te sean agradables y como tu sueles decir: el tiempo, el tiempo… solo tiempo para que todo se vaya asentando.
    Un beso


    • Término complicado ese de destino. Desde luego escrito no está en ningún sitio, pero aunque nadie sepa que va a pasar, futuro solo hay uno ¿no? Mañana pueden pasar mil cosas pero solo va a pasar una. ¿No es eso algo parecido a lo que llaman destino? Es como ver el futuro ya como pasado… no se, me lio.
      Besote.


  6. Muy bien perfilados los personajes. Yo no sé si es la quimica lo que nos junta. Yo soy más de tetas..


    • UF! Sabes bien lo que dices y sí, es allí donde más química existe. Ya sabes el dicho: Pueden más dos tetas que dos carretas.
      Pero cuidado…


    • Ah, pues se me olvidó comentarlo… menudo par tiene Rosa. Quizá si Cristobal las hubiera visto… o entrevisto al menos…


  7. Yo ya sabes que soy uno de tus fans y que con cada escrito te superas. Lo haces fácil, y me parece la mejor cualidad a la hora de escribir.

    A sus pies, fuente de sed.


    • Todo un honor Alejandro. Un abrazo.


  8. jaj, bueno, quien dice tetas dice culo o una cara bonita… Lo de la química viene después creo yo.. Estoy seguro de que muchas parejas, por la parte masculina, han tirado solo de tetas…


  9. …y entonces Cristóbal (perdón, Cristo), levantó un día la vista de la decimoctava alpargata artesanal que había escudriñado y, alzando el rostro con evidente enfado, se dirigió a su creador-escritor y le inquirió: “¡por qué coño no me has llevado a conocerla, eh?! Siempre me tienes aquí, entre pantallas, desayunos insípidos de café y tostada, almuerzo de un vino al día y paseo los domingos hasta la taberna de la esquina. ¿Te puede la pereza de intentar algo más o temes la envidia de verme feliz de una vez por todas?”

    Ufff.. no he podido evitarlo. Recordé la escena de cierto libro en que el protagonista se rebela contra su creador-autor para evitar una muerte segura. No lo menciono porque me lloverían hostias, y mira que me cuesta morderme la lengua.

    Pero es curiosa la relación entre el escritor y sus personajes. Cree, el que maneja la pluma, que tiene control sobre cuanto acontece entre sus líneas, cuando eso no es así. Los personajes, las tramas, cobran vida, se escapan de la mano que les dio nacimiento. Quizá en eso se asemeja a la vida “real” (no literaria), de la que tampoco controlamos cuantas tramas e hilos argumentales pueden suceder. Y quizá, también, por eso éste se ha convertido en tema obsesión de muchos autores.

    Como me enrollo.. Eres inspirador, pero haz el favor, no maltrates demasiado a tus personajes (creo que Cristo y Rosa se merecen un buen revolcón, y perdona la osadía :P)


    • Pero es imposible que Cristobal esté enfadado por no conocer a Rosa por que ni siquiera sabe de su existencia. Y si está cansado de alpargatas y de monotonìa que se curre un blog y se invente personajes con peor suerte que él, como hacemos todos. De hecho quizá lo esté haciendo ya ¿no?, en una de esas escapadas del hilo argumental… que no me entere yo!

      ¿Cierto libro es Niebla?

      Un besazo enorme. Tu osadía es bienvenida 😉


      • Ay! contigo no hay quien pueda… 🙂 Sí, es ‘Niebla’, uno de los primeros ejemplos de metaliteratura (o una de sus vertientes) que conocí. Y ‘Un hombre en la oscuridad’, de Auster, que no sé si habías leído, uno de los últimos. Aquí lo dejo, porque creo que merece la pena.

        Y a cuenta de estos dos.. ten cuidado, no vaya a ser que Cristo te tome como personaje y se vuelva en tu contra.. Yo sospecho que lo está haciendo.. el otro día, en la biblioteca, le descubrí un WordPress en una ventana del explorador, al lado de la de alpargatas.

        Yo que tú le presentaba a la antropóloga (o similar) de largas piernas, mejor que se entretenga en otros menesteres…. 😉


  10. jajajaja….muy bueno, si señor!!!!! y mira otra vez la que has liado…me encanta!!!!
    como siempre, gracias…un verdadero placer tu escritura


    • Un verdadero placer tu lectura, jeje. ¡Gracias!



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