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Por las mañanas

26 enero 2010

Abrió los ojos pocos segundos después de darse cuenta que no estaba durmiendo. Lo hizo resoplando. Era la enésima vez que durante esa noche la vigilia le arrancaba del sueño para dejarlo solo en su habitación. Intentó un cambio de posición. Se sentía cansado. Giró la cabeza para mirar el despertador y blasfemó. Bajó derrotado los párpados y en quince segundos una sirena que parecía anunciar el día del juicio final inundó la oscuridad.

Como un ente independiente un brazo se lanzó en un reflejo a presionar el botón correspondiente y volvió a su posición de reposo. La sirena calló. Mientras, el otro brazo y ambas piernas se habían encargado de dejar claro que separarlos de la cama sería de una crueldad intolerable. Él, magnánimo, acabó cediendo y decidió sacrificar los minutos de la ducha. Por un día no va a pasar nada, y mientras se excusaba pensando que tanta higiene solo era una cuestión cultural se quedó dormido.

Nueve minutos después los jinetes del Apocalipsis volvieron a cargar entre trompetas y esta vez ni siquiera el brazo responsable de acallarlos se movió. Solo necesito un poquito más, se dijo. El desayuno. Fuera el desayuno. Ya tomaré algo de camino. O ayuno que tampoco me va a venir mal. Una vez decidida la prolongación del descanso, logró que su brazo accediera a acallar las trompetas, aunque tras ello esta vez el mencionado brazo no llegó a tiempo a recuperar su posición original. Morfeo estuvo más rápido.

Nueve minutos más. De nuevo algo así como una orquesta de niños hiperactivos a la que algún insensato había surtido de sartenes y silbatos apareció en su habitación. A la mierda el trabajo. A la mierda todo pero yo no me levanto. Esta vez el brazo se esmeró e hizo las operaciones necesarias para romper los lazos de esa habitación con el mundo exterior. Cable fuera. No más alarmas. Ahora si podía dormir placidamente, sin plazos, nada de mendigar unos minutos más. Ya estaba decidido.

Solo media hora después puso los pies en el suelo y se sentó momentáneamente en la cama con la cabeza gacha. Se sentía sucio. Tenía hambre. Y le estaba dando vueltas a un problema del trabajo. Mierda.

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12 comentarios

  1. A la mierda todo pero yo no me levanto. Sí, ese es también mi pensamiento cuando suena el desperador. Maldita sean las obligaciones pero, uf! si no fueran por ellas, dime… en qué emplearias el tiempo?
    Si, seguro que en miles de cosas que a la larga se convertirían también en obligaciones. Todo para el ocio acabaría por hundir la chispa de ese tiempo que se disfruta tras una jornada laboral.
    Y en los tiempos que corren hay que sentirse contento cuando el despertador te obliga a saltar de la cama.
    Oye que luego una siestecita reconforta, no?
    Un beso.


    • Considero que hacer lo que me gusta es una obligación, pero de una calidad distinta a esas obligaciones que hay que realizar para ganarse las lentejas. Estas últimas son las malditas, y esas primeras en las que me gustaría emplear el tiempo.
      Aunque puede que lleves razón en que quizá perdería la chispa un buen momento porque no lo podríamos comparar con uno no bueno. No se. No me veo en ese caso. No puedo hablar. Ojalá pudiera 🙂
      ¡Un besote!


  2. Insomnio. Batalla contra la oscuridad. Desear, por una vez, que el tiempo pase rápido para que el día destierre la maldita noche y, con ella, los fantasmas que bajo las sombras parecen mil veces más terroríficos de lo que les corresponde… Sin embargo, al final, la muy jodida tiene el tiempo a su favor: llega la luz de sol y entonces ese cruel Morfeo te entrega el sueño que durante las horas previas te ha estado robando. ¿Por qué ahora? ¿Por qué se me cierran los ojos precisamente en este instante que el reloj iza trompetas y está a punto de tronar rabioso? Porque ya ha cumplido con su fin: mostrarte tus miedos, tus inseguridades, tus fobias.. y es que en la vigilia todo se multiplica; cualquier sentimiento, por baladí que sea, se nos antoja infinito… nos sentimos más solos, más desalejados, más desorientados… En la noche nos creemos más vulnerables. Quizá, por eso, nos gusta dormir acompañados….

    Más uno, más uno, más uno…


    • Y lo curioso es que uno piensa por la noche que no hay salida al tiempo que sabe que por el dia, pensando en lo mismo, la situación no parece tan dramática. Pero ni eso alivia carga.
      Vale más que te venza el sueño, que te pille por sorpresa haciendo otra cosa, o que vaya a buscarte por los bares, antes que buscarlo tú a él, que es en su busqueda, no entiendo el porqué, cuando peor pinta tiene todo.

      …y cada vez más…


  3. Hazte mirar la espalda, viene todo de ahí… 😉
    Biquiños.


    • Pues si ya cambié de colchón! Me dijeron que con eso valía…
      Bicos!


  4. JAJAJAJAJA. Acabo de verme reflejada en tu relato. Esta mañana, sin ir más lejos, que iba a levantarme a las nueve para ir a la biblioteca y aprovechar la mañana y al final, me han dado las diez en la cama y ¡qué sueñoooo, por dios! Si es que me gusta demasiado dormir (sobre todo en invierno).

    Me ha encantado (cómo no). ¡Besitos con mucho sueño :O!


    • Pues a mi no es que me guste mucho, y además de vez en cuando viene alguna nochecita que vamos… pero aun así dejar la cama por las mañanas puede ser una odisea. ¡¿?!
      ¡Besicos muy despiertos!


  5. Yo, cuando suena el despertador, sólo pienso una cosa: ¿Ya? 😛


    • Pero no va un “¿merece la pena seguir viviendo?” escondido en ese “ya”?


  6. La perfecta descripción de lo que será mi futuro dentro de ocho horas. Mierda


    • Y otro dia, y otro dia, y otro dia…



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