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La señora Matilde

6 abril 2010

La señora Matilde no perdona a nadie porque a todo el mundo comprende. Es por ser madre. Lleva muchos años siéndolo, muchos años queriendo sin condiciones ni adjetivos ni mayores razones.

Sube muy despacio las escaleras hasta su piso. Lleva dos bolsas de plástico en ambas manos y no puede ayudarse de la barandilla. Los niños no saben ir de peldaño en peldaño y uno, el del cuarto, va detrás de ella asomando la cabeza buscando hueco. La señora Matilde se aparta cuando llega al rellano para que puedan adelantarle. El niño se frena y le pregunta si le ayuda con las bolsas. Esto último es mentira pero podía haber pasado.

La señora Matilde tiene dos hijas y ninguna es feliz. Vienen poco a visitarla y siempre por separado porque además no se llevan bien entre ellas. Ella les miente hablándole a cada una de la otra e inventándoles virtudes que ella piensa que podrían acortar distancias entre hermanas. Ellas se dan cuenta y deciden al menos delante de su madre simular que se quieren. También esto es mentira pero también podía haber pasado.

Que no son felices, sus hijas, lo sabe tanto la señora Matilde como todo el mundo que le mire a los ojos. Los de las madres suelen hablar de la felicidad de su hijos más que de la propia. De sus hijas en este caso. La señora Matilde no las juzga, y si busca motivos para sus actos es para explicárselos a los demás. A ella no le hacen falta. Por eso comprende que cada uno es cada uno y que ya bastante tenemos con eso. ¿A quien tiene ella que perdonar?

Inspirado en “El mundo sigue”, de Fernando Fernán Gómez.

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12 comentarios

  1. Dice la abuela de mi amiga: “Cada uno es como es y tiene la edad que tiene” 🙂
    Me encanta leerte, tus historias “inspiradas en” o no, obran conciencia.

    Biquiños.


    • Me hace gracia que el dicho de la abuela de tu amiga acabe con ese giro que parece indicar que lo que es uno depende de la edad y que sólo eso ya explica mucha parte del comportamiento… ¿es como decir somos como nos toca ser?
      Bicos.


  2. Historias inspiradas e inspiradoras. Me encantan, como siempre.

    Qué buenas son las mujeres (sobre todo las de otro tiempo) que corazón más grande, por dios. Ojalá fuéramos capaces de aprender de ellas, de escucharlas y que sus historias no nos resbalaran por los oídos.

    Un besito 🙂


    • Supongo que los corazones no son más pequeños, acaso más duros, se han acorazado a fuerza de estar expuestos a un ambiente hostil. Parecemos más individualistas, tanto vosotras como nosotros, casi dan ganas de decir incluso más inteligentes… de llorar es de lo que dan ganas ¿eh?

      ¡Besito!


  3. Perdona, “avecesmeenamoro”, debo contestar a tu comentario.

    Lamento y me asombra que “sobre todo” consideres a las mujeres de otro tiempo mas “buenas” que las que habitan la actualidad. Siento curiosidad por saber que virtudes otorgas a aquellas en prejuicio de estas ultimas, para que surja esta desventajosa comparacion. Con una afirmacion tan generalizante, debe ser un parametro muy poderoso… En mi opinion, ni unas ni otras son mejores o peores, aunque las circunstancias (al menos en aparciencia), hayan cambiado.

    Comparto, eso si, que habria que escucharlas mas, pero como en general todos deberiamos escucharnos, no solo “oirnos”, y aprender mutuamente de nuestras historias; quiza asi el mundo (que es hoy bueno y malo, como el de otro tiempo) seria un poquito menos injusto.

    Fuentedesed, que voy a decir… “no perdona a nadie porque a todo el mundo comprende”. Si dejaramos que las madres, con su amor incodicional, rigieran el Planeta, lo sacariamos adelante o acabarian en lucha interna por buscar el beneficio para sus hijos propios??? Crees hasta este punto es el poder corrosivo??

    y todo el rato…


    • ¿Pero por qué el planeta lo tiene que regir nadie? Me buscas y me encuentras 🙂
      Las madres son como son, y el amor que les sale de los poros probablemente haga mejor todo esto; la gente deberíamos verlo, sacar conclusiones (cada uno las suyas, que para eso cada uno tiene su cabecita) y aplicarnoslas. No sé si parezco poco pretencioso, lo soy desde luego.

      y todo el rato…


  4. “La señora Matilde”. La madre. Los hijos. Ese cordón que jamás se corta… ese cordón invisible siempre perdura. No juzguemos a las madres, esa capacidad de amar sin exigir nada, no tiene nombre. Esa entrega total y absoluta, esa sumisión apenas perceptible…no tiene calificativo. La opinión es libre y todos los seres debemos ejercerla, describir situaciones es otra cosa y son pocos los que se atreven.
    Besos.


    • …si, ese cordón umbilical que es mucho más que una simple tubería de nutrientes y del que la mitad de la población solo podemos conocer un extremo.
      Besos.


  5. Me gusta mucho la frase final de los dos párrafos centrales: “Esto último es mentira pero podía haber pasado”. Aligeran mucho un texto sobre uno de los mayores y más necesarios rayos de luz de la humanidad: los sentimientos de las madres.

    un saludo


    • Gracias, podía no haberlas puesto pero las puse 😉
      Un abrazo.


  6. este post me toca la fibra…porque soy hija y madre…y desde los dos lados me siento identificada con las protagonistas de esta historia…
    ni he sido hija feliz…ni veo felices amis hijos…
    con lo cual sufro por todos…
    por los que sufrieron y sufren por mi…y por el sufrimiento de quienes mas amo….

    en fin…
    nadie dijo que vivir fuera facil…

    un abrazo


    • El verbo sufrir aparece tantas veces asociado a las madres… debe ser porque sufre más quien más quiere, debe ser porque tanta empatía no deja mucho hueco para una misma. ¿Suena egoista decir que intentar estar bien es hacer un bien a quien nos quiere?
      Un beso.



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