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La conservación del individuo

28 junio 2010

No temo a la muerte. Sería como temer a la bala y no al gatillo. Es fácil confundirse. Es la bala la que entró por el costado, la que pasó entre la cuarta y quinta costilla y ha quedado alojada en el pulmón. Es la bala la que me acompaña en este viaje y la que justifica tanta sirena y bombona de oxígeno.

Ignoro que pasará. Tal vez nada, Carlos Gardel cantó veinte años con una bala en su pulmón izquierdo. Tal vez poco, otro que no vuelve a pisar el suelo. En todo caso nada está ya en mis manos. Así ha sido desde que el gatillo terminó su movimiento. No hay temor. Eso me preocupa. El miedo es patrimonio de los vivos. Y yo no siento temor.

Y sí desolación. Desolación por no haber sabido reaccionar cuando vi la alerta. Eso es el temor, un aviso. Como el dolor. Un aviso de que está a punto de ser demasiado tarde. Las luces rojas sobre la linea de no retorno que ahora veo a mi espalda.

No temo a la muerte. Temo al gatillo y temo a la vida. Cuando estás a tiempo de huir. O de esconderte. O de disparar tú antes.

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13 comentarios

  1. 🙂
    eres alguien muy excepcional, me encanta como trasladas las emociones por escrito.
    Gracias.


    • Gracias a ti. La persona que lee emociones no pone menos que la que las escribe. Yo creo que es hasta más inusual.


  2. Con razón me dices qeu me tengo que currar más ciertas cosas como lo de “rara”. Tú lo dices todo en unas líneas. Mi artista.


    • Uy, “con razón” le viene grande a lo que yo pueda decir, je.
      ¡Un abrazo!


  3. El miedo, una señal de alerta? A veces, sólo a veces. Otras (muchas otras), el temor paraliza, nos convierte en gatos petrificados ante las luces que van anunciando su inminente final.

    El miedo, como el dolor, nos despierta cuando de alguna manera somos capaces de controlarlo, o de seguir su diálogo y preguntarle “qué pasa, qué me estás queriendo decir?” Además de diálogos de besugos, no sé yo qué otras conversaciones puedo tener con quien comparto las 24 horas de todos los días…


    • Ese es el peligro, que nos cubramos la cabeza con los brazos y doblemos las rodillas y nos quedemos muy quietos esperando el golpe como si lo único que pudieramos hacer es intentar minimizar sus consecuencias. Pero hay otras emociones que deben impdirnos quedarnos quietos, el miedo nos avisa de los riesgos y algo, no sé que nombre tiene, nos empuja a asumirlos, digamos que nos hace sentir mal si no hacemos nada. O algo así ¿no?
      ¡Beso!


      • Ese “o algo así” podría bien ser un “y sí hubiera? y si hubiese…?” Esa otra parte del guión que rechazamos cuando el miedo nos hace echar el cerrojo. Pues nada, “pá lante” sea dicho. Pero, eso sí, cuidadito en la carretera… :S
        Beso más uno 🙂


  4. ¡¡¡Dios!!! ¡¡¡Mítico!!! Un texto muy cinematográfico, casi lo puedo ver. Muy vívido y lúcido este post, Fuentedesed. Daría algo, qué sé yo, por haberlo escrito antes que tú, pero te me adelantaste. 🙂


    • ¡Gracias! Vaya por las veces que te me has adelantado tú 🙂


  5. En qué momento hay que encontrarse para llegar a hacer esa reflexión?. Uf, no sé. Dónde está ese límite en el que se cruza el umbral del miedo para dar paso a lo que describes?

    Que preguntona estoy, no?

    No sabía lo de Gardel.

    Besos


    • Supongo que el límite está en cuando te das cuenta de que ya nada depende de tí. Si el miedo es una respuesta emocional fisiológica es porque tiene su sentido, nos es útil; y ¿que sentido tiene si a ciencia cierta hagas lo que hagas no puedes variar el rumbo?
      Que contestón estoy, no?
      ¡Un beso!


  6. Me muero.Me difumino.Me evaporo.No temo a la muerte.No temo a la vida.No hay gatillo.No hay pistola.No pasa nada pues no tengo nada…Ahora por fin puedo leerte…

    Esta época “oscura” que estás atravesando me parece increiblemente interesante…seguiremos la evolución del “afortunadamente” enfermo…

    saludos


    • De momento siguen apareciendo picos en el electrocardiograma. Pii, pii, pii… regularmente. O casi.
      Un abrazo.



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