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Tareas pendientes

30 agosto 2010

Sentí desprecio por él. Estaba delante de mi en la cola, llevaba un maletín en la mano derecha y un traje de hombre gris, pero no fue por eso. Con la mano izquierda sostenía en alto un minúsculo móvil a unos centímetros de la oreja, el pesado reloj no acababa de ocultarse en las mangas de la chaqueta, pero tampoco fue eso por lo que sentí desprecio. Lo que hice no fue mirar como brillaban sus zapatos, lo que hice fue escuchar como hablaba con su madre, como mecánicamente calificaba de normales tal y cual achaque, como resignado ante un deber escuchaba las preocupaciones inherentes a la vejez y a su soledad, como con cara de hastío le decía que se tomara las pastillas, que con eso se iba a encontrar mejor, que le había llevado cantidad suficiente para una buena temporada. Sentí desprecio por como la despachaba mientras ella, al otro lado, probablemente tenía su minuto de oro del día, sentí desprecio por como parecía estar cumpliendo una tarea aprovechando que hacía cola y no podía hacer nada más. Sobretodo sentí desprecio cuando me dio vergüenza seguir escuchando y miré para otro lado y me encontré con mi ombligo y pensé en el tiempo que llevaba yo sin cumplir con mis tareas.

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8 comentarios

  1. Touché.

    Me encanta cómo das un giro inesperado al final.


    • Pues para mi es justo la parte jodida 🙂


  2. Nadie escapa de esa mirada autodespreciativa por las tareas “debidas” que no llegamos a hacer (si hay alguna excepción no quiero conocerla en persona; moriría de inmediato de la envidia…)

    Todos nos consideramos deudores de algo (y de alguien), lo sabemos, nos recorcome a menudo y, sin embargo, ahí quedan, como “deberes” incompletos. Me pregunto ¿qué coño nos frena, nos impide hacer lo que sabemos pendiente?

    Es una pregunta jodida y, además, eterna, porque no importa lo que hagamos, siempre nos sentiremos insatisfechos.

    Besos grandes


    • Yo tampoco sé muy bien que nos impide, cuando hay voluntad, llevarla a cabo; probablemente que la voluntad no es real, que sólo nos gustaría tenerla…
      Ay, esas excepciones, yo no sé si es envidia, pero cosquillas no hacen.
      Grandes besos.


  3. “Cuando encuentres que surge un juicio respecto a otro, dale la vuelta:
    ¿No se refiere a ti, realmente, lo que ves en otros? ¿Es clara tu
    visión, o está encubierta por lo que quieres ver?” Osho

    Así tal cual 🙂
    Gracias


    • Pues eso digo yo, jeje.
      Gracias a ti, como siempre.


  4. Es curioso cuánto asco nos damos a nosotros mismos y lo poco que hacemos para corregirnos. Juzgamos con severidad a los demás, pero con nosotros mismos somos de lo más benévolos.


    • Si, siempre nos ponemos circustancias atenuantes, pero a los demás como dices, nunca se las vemos. Los demás hacen las cosas, nosotros las hacemos pero es que…



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