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Autopoda

6 octubre 2010

Está bien, os lo contaré. No había cumplido 30 años cuando empecé a sentirme viejo y a aterrorizarme con la idea de la muerte. No el morir, entendedme, sino la muerte. Fue entonces…

Imaginad que tuviésemos la opción de que se nos ofreciese un año más de vida a cambio de un dedo de la mano. Un año más del tiempo del que nos tocaría por cada uno de los diez dedos. ¿Pensáis que alguien moriría con todos sus dedos? Más bien serían muchos los que no se llevarían al otro lado más que dos muñones al final de los brazos.

Como decía, entonces comenzaron aquellos sueños. Me dormía después de dar mil vueltas en la cama pensando en todo lo que ya no iba a poder hacer. Al final conseguía cerrar los ojos pero sólo para ver como aquella figura se acercaba a mi y me prometía un año de vida, nada menos que un año más de vida, a cambio de renunciar a una parte de mi.

Pero no era por los dedos. Al principio las ofertas eran fáciles de aceptar. Lo primero fue la creencia en amores imposibles. Fuera. Casi me parecía que le estaba engañando. Me fui deshaciendo de capas que parecían no aportarme más que frustración, querer cambiar el mundo, desear volar y demás tonterías. Más tarde, ya sin inquietudes de las que tirar, empecé a renunciar a otros valores. No me pondré pesado describiendo todo lo que ya no soy, pero haceros una idea: lo último ha sido la empatía. No pretendo engañaros. No todas las decisiones fueron fáciles de tomar. El truco está en el orden. Las cuestiones morales no pueden ir al final.

Ahora se que al menos me quedan unos cuantos años por delante, aunque sea mutilado. No me miréis con ese desprecio con el que lo hacéis. ¿Acaso vosotros no habéis hecho igual que yo? Pensad que pasaría si hubierais aceptado renunciar a recordar esos sueños. Yo eso no lo he hecho. Todavía. Por lo demás ¿os veis diferentes a mi?

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6 comentarios

  1. No sé si daría dedos por retrasar mi muerte. Pero creo que sí lo haría por retrasar la de mis padres.
    Sueño demasiado con ellos. Angustiada, me despierto de noche.
    A veces, tengo ataques de realidad.


    • Ver morir a los padres es uno de esos regalos con los que la naturaleza obsequia a la mayoría de personas. Y aun vemos la conciencia o la inteligencia o lo que sea como un don. Demos gracias.


  2. Curioso… hay quien daría sus ilusiones por vivir un poco más y quien las busca o finge tenerlas para poder sentirse vivo.
    ¿Vivir a toda costa, aun en el tedio, o tener una breve pero intensa existencia?

    Y yo qué coño sé, pero quizá, en tu caso, ofrecería primero por los dedos de los pies…. 🙂


    • #hay un “por” que sobra (si es que es mu tarde…)


    • Vivir a toda costa no, lo digo categoricamente aprovechando que de momento un cancer no pudre mis entrañas, que nadie me clava la punta de una pistola en el pescuezo, que no voy en un avión al que se le han roto los motores… habría que ver como reaccionaría en esos casos…


      • Pues supongo que venderíamos nuestro bien más preciado por un minuto más de vida… (no sé por qué, me estoy acordando de 1984, de las ratas y del miedo…)



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