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El cuerpo del delito

9 noviembre 2010

Sospecho que fui yo, aunque no recuerdo haber cometido el crimen.

Ellos, claro, no me creen.

Pero todo apunta a mi. Eso es cierto. Tenía el motivo y la oportunidad. No paran de insistir en esos puntos. Saben que mi vida es más cómoda desde entonces. Duermo mejor, estoy menos solo y no me llevo tantos palos. No puedo negar que me complicaba la vida. Y también saben, no son tontos, sobre las ocasiones que tuve para cometer el asesinato y que carezco de coartada para todas ellas.

Sin embargo lo que realmente me inculpa es el cuerpo del delito. Esa es la prueba que hace que incluso yo sospeche de mi. Llevo conmigo lo que indiscutiblemente parece el rostro del muerto. Quizá alguna arruga más y el gesto algo cambiado. Pero el parecido es más que evidente.

Tuve que ser yo. Al principio busqué culpables, señalé con el dedo en varias direcciones, pero pronto me di cuenta de que sólo estaba describiendo el escenario del crimen, sólo me intentaba exculpar con las circunstancias, sólo les estaba sirviendo en bandeja el motivo.

Fui yo. Yo lo maté. Y lo saben, claro que lo saben. Espero que sean clementes y que un día de estos dejen de atormentarme y pueda volver a dormir por las noches. Ahora no puedo ni caminar con la cabeza alta. Si no ceden tendré que tomar medidas. Deberían de temerme. Si acabara también con ellos ¿quien quedaría aquí para acusarme?

Nadie. Impunidad. Me pregunto que me detiene. Sería continuar el camino empezado.

Solo que aquel tipo se merecía algo más que morir en silencio

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7 comentarios

  1. alguien te acusaría…


    • no me cabe duda…


  2. Y aunque, tras eliminar cualquier rastro de testigos, te quedases sólo, no acabarías con la principal amenaza a esa “tranquilidad de conciencia”: la tuya propia, la que nace de ti y reconoce el cuerpo del delito en el espejo.

    Tendrías que acabar contigo mismo para poder descansar… en paz!


    • Justo de eso se trata, de acallar voces en la conciencia, pero no tendré que acabar conmigo mismo, sólo tendré que rematar quien fuí y esperar que quien soy no tenga esa clase de problemas.
      Un besaco!


      • pero es que mala hierba nunca muere, a ver si te vas a creer que eres el primero en intentar semejante empresa! 🙂


  3. A veces nos convencemos a nosotros mismos de que el resto sabe de nuestros crímenes, y nada más lejos de la relidad. Cada uno va a su bola, y no se fijan casi nunca en los muertos que cargamos (e igual hablo por mí).

    Besitos de agua!


    • Ademas que estoy convencido de que no hay nadie por allí que no lleve al menos un muerto a sus espaldas, que lo que fuimos no suele sobrevivir al paso del tiempo, pero también es verdad que el lastre cuesta soltarlo.
      ¡Besitos!



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