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El rompeolas

5 febrero 2011

Mi hijo murió hace dos semanas. Tenía 52 años. 52 años que ha dejado aquí abandonados para que yo los pueda repasar uno a uno. Él se ha ido como en un truco de magia, tirando una bomba de humo, y cuando se podía ver de nuevo el escenario allí estaban tirados sobre las tablas. 52 años. Uno a uno. Los recuerdo uno a uno.

Eligió una muerte rápida. No entraré en detalles pero eligió una muerte rápida. Igual que yo he elegido una lenta. Yo llevo 20 años con bastón y a él no le ha llegado a doler una articulación. Menudo cabronazo. Lo sabía desde el principio el cabronazo. Desde que empezó a hablar. Recuerdo que al poco de aprender a montar en bicicleta tuvo una caída terrible, se hizo una herida enorme en el brazo y cuando días después fui a quitarle el esparadrapo le pregunté si despacio o rápido. Él me miró extrañado, ¿Quién puede preferir despacio?, eso se preguntaba, estoy seguro, y aun no levantaba un palmo del suelo el muy cabrón, Del tirón papá, del tirón, decía…

Ay Dios mío, Fernando, como te echo de menos…

 

Si solo…

 

No sé, sólo hablar una vez a la semana y que me cuentes con prisas en que andas…

 

Ayer…

Ayer repasando fotos antiguas me encontré con una que debe ser anterior a que Fernándo naciera. Creo que es una postal que me regalo Julia, mi mujer, su madre, cuando éramos novios. Ella murió en el parto. El caso es que reconocí la zona que sale en ese amanecer, un rompeolas que hay algo después de acabar el paseo marítimo. Esta mañana he ido a andar por allí, si a lo que yo hago se le puede llamar andar. Las olas seguían reventando sobre las rocas y el agua resbalando por sus grietas de vuelta al mar. Incansablemente. Por las mismas grietas una y otra vez. ¿Cuántas veces desde entonces? ¿Cuantas millones de veces el agua ha resbalado por esas grietas desde que nació Fernando? Da igual. Si me fijo en una roca concreta no logro hallar ni una pequeña diferencia en su forma actual con respecto a la foto. Hablan de la fuerza del agua, pero es mentira. Lo que tiene fuerza es el tiempo. Da igual que sea agua, el aire de mis pulmones o las pisadas del insecto más pequeño. Lo único que hace falta para cambiar algo, o incluso para hacerlo desaparecer, es tiempo. Y para esa roca no ha pasado ni un segundo. Ni un puto segundo. Tengo que volverme a fijar. Tiene que haber alguna diferencia. Sería injusto que no la hubiera.

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12 comentarios

  1. Me gusta como ha quedado este texto, me gusta lo que dice, me emociona y me alegra a la vez 🙂 gracias. Un besazo


    • Gracias a ti. Aunque tengo que buscar por donde se me ha colado la parte que alegra 🙂
      Besazo.


      • Transmite esperanza.
        Si miras encontrarás calma, confianza en la observación. He sido imprecisa en mi comentario y sabía que la alegría podría no ser entendida.
        Son las emociones que he leído, qué le vamos a hacer, tendré el radar estropeado! 😉
        Muchas gracias, un besazo.


      • Bueno por un lado creo que te entiendo, cuando percibes emoción de alguna manera te encuentras menos solo, como que aun queda vida en el reino de los muertos ¿Esa es la esperanza de la que hablas? En el último libro que me he leido (El proyecto Lázaro, de Aleksandar Hemon) dicen de alguien algo así como que “Es igual que todo el mundo porque es diferente a todos ellos”. No estamos solos, el problema es que la comunicación la tienen secuestrada intereses de todo tipo. En fin, quizá no venía a cuento pero he aprovechado para soltarlo, jeje.
        ¡Un besazo!


  2. Los padres no deberían ver morir a sus hijos. Parece una secuencia lógica: ver nacer, vivir y morir, pero no lo es. No tengo hijos y espero tenerlos, pero no quiero ver morir a ninguno de ellos y si me dijeran ahora que eso pasará, prescindo del sufrimiento, y ya está (cobarde y egoísta, sí, pero ya está).

    Besos. Muy cerca…


    • Si te quedas sin padre o madre eres huerfano, si se te muere un hijo o hija eres…
      Ni siquiera hay nombre para eso.

      Besos. Ahí al lado.


  3. Ni un puto segundo ha pasado para la roca…No sé puede decir mejor, Fuente. 52 años también son un puto segundo…

    un abrazo


    • Es que es indignate ¿verdad? Menuda broma todo esto.

      Un abrazo Alejandro.


  4. Que intenso te ha quedado este relato!!! Además relatado en primera persona llega todavía mucho más.

    Besos


    • Pues me alegra porque surgió intenso y los teclazos normalmente moderan. O esa impresión me da.

      Un abrazote.


  5. emotivo texto que invita ala reflexion…
    encantada leerte…
    saludos…¡¡¡
    🙂


    • Espero que esa reflexión no de como resultado frutos amargos, a los que a veces creo que estoy condenado… ayuda!!

      Encantado yo!
      Un abrazo.



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