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Fisiología

6 julio 2011

El ascensor llega al tercero y abre sus puertas expectante.

Entra la pareja de las 20:00. Hoy se han adelantado casi media hora. Algo desilusionado, el ascensor cierra puertas y espera a que introduzcan la llave del garaje para confirmar que es allí a donde tiene que llevarlos.

Al final del recorrido vuelve a abrirse y mira como se alejan en la oscuridad a la luz del móvil que él saca de su bolsillo. Parece que nadie les ha comentado que ya funciona el interruptor.

El ascensor, que por viejo ya se las sabe todas, se queda pensando en el tiempo que hace que no les ve tocándose por debajo de la ropa, dándose besos urgentes, disimulando con la cara roja y las manos a la espalda cuando paraba en un piso y abría las puertas sin previo aviso.

– Se han dejado de tocar. –Piensa. –Un día de estos se va a quedar embarazada.

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Comodidad

29 junio 2011

Jesús le dijo a Marta “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?”. Marta, que además tenía el cadáver de su hermano aun fresco, no tardó en contestar.

Siglos después Adam Smith le vino más o menos a comentar a sus contemporáneos “Si miráis cada uno por vuestro interés, una mano invisible hará que el mundo progrese de la mejor manera posible”.

No me parece que el capitalismo después de 250 años haya ido llevando al mundo a la mejor de las situaciones. Más bien da asco mirarlo. Así que a partir de ahora dudaré cuando alguien me ofrezca la vida eterna. Lo siento por Lázaro pero he aprendido a desconfiar de las elecciones cómodas.

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Buen tiempo

24 junio 2011

Ella enciende el televisor del dormitorio y comienza a desvestirse. No mira a la pantalla hasta que oye la sintonía de la sección del tiempo. Se fija en un trozo del mapa y dice en voz alta:

– Sol. Que bien. ¿Has visto? Mañana dan buen tiempo.

Él desde la cama y medio dormido logra emitir un sonido para indicar que lo ha escuchado. Ella continúa:

– Por la tarde podemos dar una vuelta, ¿no?

Al día siguiente después de arreglarse bajan en el ascensor hasta el garaje. Van en coche hasta el parking subterráneo del centro comercial, cenan y después se meten en el cine. A la vuelta conduce ella porque él se había tomado una cerveza. En el coche comentan alguna escena de la película aunque en la radio empiezan a hablar del tiempo y ella rápidamente pide silencio:

– Shh. Un momentito.

…mañana alta probabilidad de lluvia para todo el día…

Él resopla y exclama:

– ¡Vaya!

Ella asiente con resignación:

– Bueno, vemos una peli en casa.

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Un segundo

15 junio 2011

Los dos puntos rojos del despertador parpadeaban hace un momento. Estoy seguro de ello. Pero, ¿cuanto tiempo es hace un momento? ¿está siendo excesivo? Ahora, en la oscuridad, solo veo los cuatro dígitos invariables y me preocupa. No sé si todo se ha acabado y me he llevado al infierno la última foto fija que se grabó en la retina de mis ojos vivos, o si esto sólo es una especie de pausa y fuera de esta habitación también todo está como congelado hasta que de un momento a otro aparezcan de nuevo ambos puntos rojos en un nuevo parpadeo y en breve fuercen un cambio en los dígitos y con suerte yo estaré vivo.

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Mayor de edad

8 junio 2011

Mi hijo, Gaspar, tiene 72 años. Imaginaos en que posición me deja eso. Desde que se jubiló viene a visitarme de vez en cuando. Muy a menudo más que de vez en cuando. Tanto que le he tenido que dar unas llaves para no tener que levantarme cada vez que se aburre y pasa por aquí. Oigo la puerta metálica de la calle cerrándose y 22 escalones después, hasta cinco largos minutos he medido en ocasiones, escucho tintinear las llaves en el rellano de mi piso. Después de abrir el portal se las tiene que meter de nuevo en el bolsillo porque la única mano que tiene la necesita para apoyarse en la barandilla. La otra mano la perdió hace un par de años cuando se compró un bastón al que lleva soldados los dedos. Vamos que sube a cuatro patas como los perros. Pero sube.

Otros con esa edad están tan bien… pero mi hijo ha envejecido fatal. Muy rápido quiero decir. Entra por fin en mi casa y sin decir esta boca es mía comienza a reducir trabajosamente la distancia que lo separa del sillón en el que siempre se sienta. Una vez alcanzada la ansiada baldosa, la que está a los pies del mencionado sillón, se gira 180 grados. Y no creáis que es como un tornado. Lo hace a base de pequeños pasitos hasta que consigue colocarse de espaldas a su destino. Se detiene un segundo para cerciorarse de que tiene la posición adecuada e inicia su caída. Esta, si los cálculos han sido correctos, acaba con un sonoro suspiro y con mi hijo por fin sentado. Es deprimente, no digáis que no, que ese hombre del que estoy hablando esté visitando a su padre. A su anciano padre. A mi.

Sus hijos, mis nietos, volaron del nido hace tiempo. Imagino que él de vez en cuando habla con ellos. No le pregunto por si acaso no fuera así. Me gustaría verlos, seguro que ellos suben los 22 escalones en cuatro saltos. O quizá en ocho. Que tampoco deben ser hoy los niños que eran cuando sí los veía. No tengo ni idea de si hay por ahí alguna especie animal en la que los abuelos cuiden a los nietos como hacemos nosotros los humanos. Pero tampoco es que yo sepa mucho de esas cosas. No tengo ni idea de por qué cuento todo esto. Ya digo que hay algo que no me cuadra. Y hablo porque enarcar las cejas durante años parece no ser suficiente para que las cosas empiecen a cuadrar. Vale que hablando probablemente tampoco, pero a ver si cae del cielo un iluminado, me oye y decide montar delante mío el rompecabezas.

Paso la tarde escuchando a mi hijo hablar sobre quien se ha encontrado por la mañana en la sala de espera del médico, su segunda vivienda. A mi hijo. ¿Me comprendéis? No le perdono que sea viejo. Y sin embargo es a ese hombre al que le tengo que recordar cuando viene que no se olvide de mirar el buzón. Por si hubiera algo para mi. Yo no puedo bajar las escaleras. Ni a cuatro patas. Algo para mi en el buzón. Otro crédito instantáneo. Otra felicitación anual de la óptica por mi cumpleaños. Le hacemos una graduación gratis. Otra cosa os diría yo que me hicierais.

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Pruebas

22 mayo 2011

No puedes dejar de hacer fotos en Sol. Como para quedarte con pruebas de lo que sucede. Como si temieras que, después de quedarte dormido, alguien fuera a intentar convencerte de que todo fue un sueño.

Esta noche, a muchos kilómetros, me gustaría llamar a una cabina de esa plaza, e imaginarme el teléfono sonando y sentirme un poco allí. Como en el final de Local Hero

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Culpable

10 mayo 2011

Me condenaron a ser un hombre normal. Otros, más listos, más fuertes, mejores, lograron escapar. Yo caí en la trampa.

Lo veía venir. Siempre me descubrí mordiendo el queso sobre el cepo.

Hoy tengo una lista de necesidades que definitivamente no he escrito yo.

Pero tengo un plan de fuga.

Todos aquí dentro lo tenemos.