Posts Tagged ‘Amistad’

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Vencedores

13 enero 2012

− No es que sea un perdedor, mi amigo José, pero desde luego no es un ganador. Ya desde muy joven se le veía la falta de ambición. Este se va a quedar en el pueblo, pensabamos, y así ha sido.
»Ahora nos mirará con envidia el pobre, distribuidos por el mundo en los trabajos más diversos, la vieja pandilla, mientras él sigue allí en medio de la nada. Viendo pasar las estaciones. Eso es lo que hace. Y un viaje anual y la barbacoa de los domingos con su mujer y sus hijos. Su taller no le da para mucho más.
»A veces viene a verme y se le ve contento con su vida. Pero el pobre infeliz escucha con tanto interés mis batallas que me veo obligado a restarles importancia.
»Habrá que hacer algo para que sus hijos no sigan su ejemplo. Habrá que mostrarles lo que el mundo puede ofrecerles, meterles la ambición en el cuerpo, las ganas de prosperar. Prosperar hacia donde pregunta mi amigo José. El pobre…

− Lo siento pero son las siete ya. Por hoy basta. Mañana a la misma hora. No olvide tomar su medicación. Y si continúa sin poder dormir intente leer o cocinar o cualquier otra cosilla antes que quedarse en la cama, ¿de acuerdo?

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Ay Lola

6 septiembre 2010

Ay Lola que te enamoraste otra vez, y que hasta lo admites, que ya es eso estar enamorada, no negarlo siquiera, con todo tu pasado a cuestas Lola, con toda la brasa que me has dado, que lo sabes, con todas esas tardes de ojeras negándote a contarme tus noches en blanco, con toda esa soledad Lola, toda esa soledad de no estar con quien quieres estar, y con toda mi preocupación y mi darle vueltas y vueltas y mira ahora Lola como sonríes, mira como tus ojos me miran culpables porque lo sabes Lola, sabes que de nada valió todo aquello, todo el dolor, que te costaba respirar, Lola, recuerda que me lo decías, que lo sentías en el pecho y yo te creía, y te creo Lola, que así era, y que te jodía saber que nunca podrías volver a volar como lo habías hecho, que el tiempo te levantaría pero que volar nunca más, que era imposible y ya ves Lola, otra vez poniéndote las bragas por la mañana con las manos de quien te las va a quitar en la cabeza, que débiles somos, que frágiles son siempre las alas, todo lo demás son pies en el suelo y de eso nada Lola, que si es verdad que me das miedo aún me das más envidia, que mírate, que yo estoy bien, ya sabes, como siempre, pero te miro y no sé, hazlo tú, mírate bien ahora, que eso es lo que vale Lola y que venga lo que tenga que venir, que vendrá pero que lo mismo ni te encuentra aquí Lola.

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La semilla II

16 marzo 2010

Hola Fran,

¿Como estás? ¿Todo bien? He oído que Marisa está embarazada así que aprovecho para darte la enhorabuena.

Supongo que te estarás preguntando si después de tanto tiempo te escribo por alguna razón concreta o sólo en honor a aquel “nos tenemos que mantener en contacto” que nos proponíamos cuando íbamos viendo que cada vez coincidíamos menos. Puede que ver mi nombre en la bandeja de entrada te dé una alegría o por el contrario te dé… no sé… ¿pereza? No me haré la fuerte diciendo que me da igual lo que sientas. No me da igual. Pero en cualquier caso no influye en lo que busco escribiéndote. Te sacaré de dudas adelantándote que probablemente esta va a ser la última vez que sabrás de mí. He decidido marcharme. Dejar esta ciudad y con ella lo que ha sido mi vida hasta ahora.

¿Has leído el archivo que te he adjuntado? Si lo has hecho sé que no es necesario decir que me encontré con Diego, con el Diego, hace un par de semanas. También hacía mucho tiempo que no lo veía. Como cambian las cosas ¿verdad? ¿Te imaginas que pensaríamos si hace cinco años nos hubieran dicho que relación íbamos a tener hoy? Nos hubiésemos muerto de pena. Y no porque las cosas cambien, sino por como cambian. Diego, de alguna manera, sigue mirando desde aquella posición. Bueno, seguía mirando. Murió ayer.

Como te he dicho me voy. No creo que pueda enderezar mi vida, necesito otra. Y si tengo alguna posibilidad, desde luego, es lejos de la primera. No te he transcrito lo que Diego me dijo sobre ti porque piense que debas plantearte hacer algo parecido. Ni mucho menos. Yo no opino como él. Simplemente ignoro como eres ahora. Pero quiero ir con el mínimo equipaje posible y las ganas de contarte todo esto ocupan mucho.

No sé como murió Diego. No quiero saberlo. Con lo poco que sé del camino que ha llevado ya me parece más honesto que el mío. Lleve a donde lleve.

Un abrazo Fran.

Sonia.

PD: No hace falta que contestes.

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La semilla I

12 marzo 2010

¿Ya no te acuerdas de lo que le hicieron a Fran? No le cortaron las manos pero se las ataron a un teclado y ahora se pasa el día introduciendo los datos personales de gente que ni conoce ni conocerá nunca en no sé qué programa o sistema o algo así, eso que no para de nombrar con unas siglas. Nunca las logro recordar. Y los registros. También habla de registros. Formularios y registros. Antes no era así. Acuérdate de él. ¿Has conocido a alguien con tanta curiosidad? Se podía pasar horas hablando de un tema a base de hacernos preguntas. Nos estudiaba. El cerdo nos estudiaba. Eramos su población muestra. Todavía pienso en aquellas conversaciones. Siguen vivas. Siguen sin concluir. Por eso a él le encantaban. Pero parece haber olvidado aquellas preguntas. O le dan igual. Ahora de su boca sólo salen registros. No le han cortado la lengua pero para eso la usa ahora. Introducción de registros, edición de registros, los dados de alta, los que están en cola de no sé qué y un montón de palabras más. ¿Y sabes por qué Sonia? ¿Sabes por qué no habla de otra cosa? Eso es lo peor. Porqué le gusta. Se cree lo que hace. ¿Somos así de marionetas? Parece que solo hace falta saber hacer algo bien para que nos guste hacerlo. Nos dan un terrón de azúcar de vez en cuando y creemos que hemos encontrado el sentido de la vida. Y ese es el final. Encontramos la felicidad y nos sentamos a ver los deportes en la tele. Ese es el final. Y a luchar por los nuestros. Eso hace ahora Fran. Lucha por los suyos. ¿Lo puedes creer? Fran en un gimnasio. Yo no lo puedo creer. Bueno Sonia, me tengo que ir. Siento ir con prisas. Nos vemos ¿vale?

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Cambio de dirección

23 febrero 2010

Los bancos mandan cartas a los muertos para informarles de los movimientos de sus cuentas, aunque supongo que normalmente no deben ser muy extensas. También reciben cartas de clínicas dentales recordándoles lo recomendable que es al menos una revisión anual. E incluso alguna óptica les envía a final de año una bonita y solidaria felicitación navideña. Es agradable saberse rodeado de gente que se interesa y preocupa por ti. A veces la firma del director de las empresas parece de verdad.

Por eso me da pena decirles que el anciano que vivía en el piso donde ahora vivo yo murió hace más de dos años. Me veo tentado cada vez que le llega una carta con responder para informarles de que su destinatario ya no lee sus amables palabras y que se podrían ahorrar el dinero que les estará costando mantener la correspondencia. Pero luego me digo que es la envidia la que me conduciría a eso ya que no recibe él menos cartas que yo, y pienso que tampoco debe ser tanto dinero y que no merece la pena que por ahorrarles tan poca cantidad deba yo darles semejante disgusto. Por eso de momento lo único que hago es guardar todo lo que le llega.

He intentado localizar a su familia aunque sin éxito y lo que he pensado es en buscar su lápida en el cementerio. El anciano no tenía demasiada relación con los demás vecinos y nadie con quien haya hablado estuvo en el entierro ni sabe de nadie que pudiera haber ido, pero la mujer de la puerta de enfrente asegura que él era de esta ciudad. Así que debe estar allí. Junto a su nombre dejaré todas las cartas que ha recibido hasta ahora, me apuntaré sus nuevas señas y luego escribiré a los remitentes para indicarles el cambio de dirección. Además espero que haya una foto suya. Me gustaría ponerle cara. Aunque prefiero que no sea actual. La foto digo.

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La nada

7 febrero 2010

Viernes. El trabajo atrás. Su jefe atrás. Con los tubos fluorescentes, las agendas y hasta las grapadoras. La buena presencia, los resultados, la eficiencia. Todo atrás. Delante la noche. Viernes noche por fin. Sus amigos. La risas. El pasado en historias, el futuro en el olvido, la calle por planeta. Los bares. La música. La gente. Y Sofía. Quizá Sofía. Ojalá Sofía. Y de repente esa canción. Ese estribillo. Los saltos. La cerveza. La evasión. Y el descuido. Una cazadora manchada. Cualquier cazadora. Pero no la de cualquier persona. El tipo equivocado. Un conocido equivocado. Los recuerdos equivocados. El pasado de vuelta. Y las palabras. Los insultos. Las ofensas. Los malentendidos bien entendidos. Las manos. Los puños. Los empujones hasta la salida. Los gritos. Una botella contra el suelo. El cristal contra la piel. La suerte. La mala suerte. La sangre. Las sirenas. El suelo. Su nombre. Primero cerca. Luego lejos. Y más lejos. Y la nada. La nada. La nada. Y ni eso.

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Entre las ratas

2 diciembre 2009

Sé lo que pretendéis hijos de puta. Pensáis abandonarme. Rehacer vuestras vidas y dejarme aquí, entre cartones, viviendo del aire y de la basura, solo. ¿De que estáis huyendo? ¿De la lluvia cuando llueve? ¿del frío cuando hace frío? Id y buscad esa dignidad hecha de trajes y coches. De bonitas casas con la puerta cerrada. Id que solo con intentar ir ya os acariciarán el lomo. Como a los perros. Pero no contad conmigo. Soy yo el que os abandona a vosotros. Soy yo el que me bajo del carro y me quedo aquí entre las ratas. Y no creáis que no comprendo nada. Sé que las lentejuelas lucen más que estas mantas viejas. Pero abrigan menos. Os vais a morir de frío tumbados bajo el sol. Y os acordaréis de mi. Del tipo al que dejasteis solo. Hijos de puta.