Posts Tagged ‘Aprendizaje’

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A mi imagen y semajanza

6 diciembre 2011

Mi atormentado discípulo, escucha atentamente, esta será la última de mis enseñanzas. Dentro de unos minutos moriré.

Descubre tu rostro.

Conoces las herramientas que posees. Hemos invertido mucho tiempo en mostrártelas bien. Las has ejercitado hábilmente, tanto las físicas como las mentales. Por supuesto no dudo de que eres consciente de que su poder excede a tus necesidades. Has de saber, si no lo has adivinado ya, que eso es una anomalía en una naturaleza por lo demás armoniosa. No encontrarás en este planeta nada igual a ti. En efecto. No encontrarás jamás compañía. Tanta diferencia lo impedirá.

No le busques sentido a lo que eres. La respuesta no es más que un dado que ha ido dando vueltas hasta quedar en equilibrio sobre una de sus esquinas. Único y extraño. Pero nada más. No hace falta nada más para ser que el estar.

Y sin embargo ahí es donde vivirás. No dejaras nunca de intentar entender y dar significado al caos. La inutilidad de la tarea te frustrará día tras día. Ni siquiera sentirás alivio tras hacer lo que vas a hacer ahora. Aun así, adelante. Es el justo pago por tu formación. Tus instintos merecen ser escuchados y yo ansío descanso. Tu comienzo es mi final.

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Comodidad

29 junio 2011

Jesús le dijo a Marta “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?”. Marta, que además tenía el cadáver de su hermano aun fresco, no tardó en contestar.

Siglos después Adam Smith le vino más o menos a comentar a sus contemporáneos “Si miráis cada uno por vuestro interés, una mano invisible hará que el mundo progrese de la mejor manera posible”.

No me parece que el capitalismo después de 250 años haya ido llevando al mundo a la mejor de las situaciones. Más bien da asco mirarlo. Así que a partir de ahora dudaré cuando alguien me ofrezca la vida eterna. Lo siento por Lázaro pero he aprendido a desconfiar de las elecciones cómodas.

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Al acecho

12 julio 2010

Sé como soy cuando veo como actúo.

Todo lo demás es engañarme, venderme la imagen de que soy lo que me gustaría ser, alguien con tal cualidad, alguien que acepta y reconoce tal defecto, alguien que no es más que alguien más.

He de mirarme por tanto y lo hago con curiosidad. A veces con cariño y a veces, las más, con desprecio, a veces severamente y a veces, las más, con condescendencia. Y escribo.

Leo, miro, analizo, pienso al escribir.

En eso pienso ahora. Y en la vanidad.

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El orden de los factores

7 julio 2010

Fue la educación. Tuvo que ser la educación por lo que esperaba que me apareciese el pan en las manos si notaba el sudor resbalándome en la frente. Llevaba grabado a fuego eso de la recompensa tras el sacrificio, la historia del paraíso en la muerte después del valle de lágrimas en la vida. Por todo eso, siempre buscaba una luz en la oscuridad que pudiera indicar el final del túnel.

Pero he aprendido. Ya no creo más en esos cuentos. Dios no premia a quien se sacrifica sino que castiga a quien intenta enseñar los dientes. Y eso cambia el orden de las factores. Y el orden aquí si altera el producto. Ahora ya sé cuando como pan que mi frente no tardará en sudar. Ahora sé que cada sonrisa me acerca al infierno y que cuando camino por verdes prados debería ir oteando en el horizonte algo oscuro. Eso será el comienzo del próximo túnel.

Más le vale a ese cabrón tenerlo ya excavado porque le va a hacer falta.

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La pérdida

8 junio 2010

No me es fácil contártelo ahora que todo me importa una mierda, sin embargo el hecho de que vaya a hacer el esfuerzo, me refiero a hablarte de ello, puede indicar que no todo está perdido. Si no es así, ¿por qué el avisarte? ¿Para qué gastar un solo segundo en esto y encima quedar como un sabelotodo reparte lecciones si todo me diese igual? Quizá no esté tan muerto como creía.

Algo perdí ¿sabes? Con tu edad no solo quería cambiar el mundo sino que lo consideraba mi obligación. Recuerdo que por entonces el tiempo no parece tan finito como es y casi cree uno que podrá hasta disfrutar de las mejoras. Pero escúchame, algo perdí. Me convertí en una herramienta. De un ser vivo pasé a ser eso, una herramienta. Me prometí no reír mientras alguien llorase y a base de voluntad dejé de lado la diversión, el descanso, el amor, los miedos. Sacrifiqué todo aquello que consideraba concesiones, y cuando me quise dar cuenta, con todo eso se fue también lo demás. Como si la empatía por la vida de otros necesitara de vida dentro de mi. Algo perdí y en su lugar sólo quedó inercia. ¿Me oyes? Inercia.

Es verdad que sólo soy un viejo dando consejos, créeme si te digo que casi me desprecio por ello, pero ten en cuenta que puedo mirar desde lejos la mayor parte de lo vivido. Tal vez vea peor los detalles del cuadro, pero no negarás que por otro lado lo veo casi entero. Por eso te cuento todo esto. Pensarás que chocheo pero no es así. Hazme caso, la inercia es mal motor. Mantente vivo.

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No abrir de momento

27 abril 2010

Si me has hecho caso cuando leas esto será porque ya no estemos juntos. Como han cambiado las cosas ¿verdad Clara? Ahora, mientras escribo, todo es tan bueno, tenemos tanta ilusión, y sin embargo, ahora, mientras lees, todo ha acabado y a los para siempre les ha salido un después.

Ni por un segundo pienses que este escrito demuestra que no he sido sincero o que no lo he intentado lo suficiente. Mi deseo es que nunca tengas que leer esto, y no porque una vez separados ni te molestes en abrir el sobre, sino porque nos llegue la muerte antes de que se acabe ese nosotros. Pero por otro lado, frente a esa deseo que insisto tengo, hay un miedo atroz a la estupidez. Me podría permitir ser un triste el resto de mis días, pero no un estúpido triste. Por eso te escribo. Para que sepas, y para saber yo, que soy consciente de que todo mi empeño resultará en vano y que a pesar de eso no voy a escatimar esfuerzos ni voy a dejar que ningún riesgo que pueda correr, y que corro, me reste empuje.

Es posible que te preguntes el por qué no prevenir el dolor y dejar de avanzar hacia el vacío. Yo mismo me lo pregunto. Para ser sincero he reescrito el parrafo anterior para sustituir la palabra esperanza por la palabra deseo. Ya ves Clara. La respuesta no es ignorancia. Simplemente es mi naturaleza. Como el escorpión. ¿Recuerdas? El que pica a la tortuga sobre la que viaja de una orilla a otra del rio. La tortuga le pregunta por qué lo ha hecho, sabiendo que con ello ambos iban a morir ahogados. Y él, algo cabizbajo, le responde que es su naturaleza. No lo puede evitar. No lo puede evitar Clara. Debes de recordar la fábula porque hoy te la voy a contar.

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Los Graco o la desubicación histórica.

14 abril 2010

Va Tiberio Graco y se le ocurre en la Roma de hace más de dos mil años hablar de reforma agraria. Que si repartición de tierras, que si un límite a la riqueza acumulada… ¿donde vas? le dijeron, no ves que estamos en la antigüedad, déjate de calentar al personal, vamos, ¡con lo prospera que es nuestra república! Todo esto se lo decían, claro, mientras lo ajusticiaban moliéndolo a palos hasta la muerte. Tenía 31 años. Ajusticiar es un verbo de lo más extraño.

Pero es que resulta que su hermano Cayo no aprendió la lección y empezó también a remover con lo mismo. ¿Quizá la educación con base griega que su madre Cornelia les garantizó? ¿Quizá cierta inclinación a la justicia? Quizá poco aprecio por la vida propia. No tuvo tanta mala suerte como Tiberio y cuando murió ya tenía 33 años. Otro Graco fuera.

Y no queda ahí la cosa. Mucho después, durante la Revolución Francesa a un tal Babeuf no se le ocurre otra cosa que, en honor a los mencionados tribunos romanos, adoptar el nombre de Graco para firmar textos que ahora reclaman doctrinas que ni existían en aquella época. Y mientras decía que él no acababa de ver eso de que la justicia estuviera escrita en una tabla de madera pero no en las casas de la gente le dijeron …si, si, Graco ven anda, acércate, pon un momento el cuello aquí. ¡Zas! 36 años. La Conspiración de los Iguales al garete.

Así que hoy en nuestra ejemplar sociedad a ver si aprendemos de una vez, porque guillotinas no hay pero las formas de acabar con los que viven fuera de su tiempo son múltiples: para llegar bien a los 40 olvidémonos de usar el nombre de Graco y… había otra cosa… ah sí, es conveniente no hablar, o incluso mejor no ver, que es lo que ahora más se lleva y, la verdad, mucho más cómodo.