Posts Tagged ‘Justicia’

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Pan, T

15 diciembre 2011

“Pan, T” es lo que se podía leer en un muro del Balneario de San Miguel en Almería el 14 de Agosto de 1976.

El cadaver de un joven de 19 años, Javer Verdejo, yacía en la playa cercana abatido por un tiro. Según la guardia civil, unos jovenes fueron sorprendidos haciendo la pintada e ignorando la orden de alto salieron corriendo. Un guardia civil tropezó y su arma se le disparó alcanzando accidentalmente a uno de los jovenes que huían.

Que la familia no denunciara en su dia los hechos ayudó poco para saber en detalle lo que ocurrió. El caso se cerró con la controvertida versión que exhimía a la guardia civil de culpa a pesar de las dudas que surgían de algunas pistas y de las versiones de los compañeros. Las autoridades intentaron que la muerte de Javier no dinamitara la situación en una época convulsa de por sí.

Javier Verdejo era hijo de Guillermo Verdejo, farmaceútico que había sido años atrás alcalde de Almería. En su biografía (murió con más de 90 años en Febrero de 2011) como científico y persona ilustre de su ciudad se suele mencionar que un hijo suyo, militante en una organización de izquierda revolucionaria, fue muerto violentamente en 1976.

En el entierro el féretro de Javier Verdejo fue arrebatado a la familia por sus compañeros y fue llevado a hombros por decenas de personas que se iban turnando de entre la multitud que acompañaba al ataúd durante los tres kilómetros que separaban la iglesia del cementerio. Una auténtica manifestación a pesar de que Roberto García-Calvo, gobernador civil de Almería en 1976, “aconsejó” a diversos activistas políticos de izquierdas que no se armara demasiado alboroto.

Roberto García-Calvo murió en 2008 siendo miembro del Tribunal Constitucional desde que en el 2001 fuera propuesto por el PP.

En el artículo 10 de La Ley de Memoria Histórica re recoge una indemnización de 135000 euros a los hijos o conyuge (en sentido amplio) o en su defecto a padres, nietos o hermanos de los fallecidos “en defensa y reivindicación de las libertades y derechos democráticos” entre enero de 1968 y octubre de1977.

Todos los años aparecen pintadas nuevas donde se puede leer el lema completo que Javier Verdejo pretendía escribir: “Pan, Trabajo y Libertad”.

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El cuerpo del delito

9 noviembre 2010

Sospecho que fui yo, aunque no recuerdo haber cometido el crimen.

Ellos, claro, no me creen.

Pero todo apunta a mi. Eso es cierto. Tenía el motivo y la oportunidad. No paran de insistir en esos puntos. Saben que mi vida es más cómoda desde entonces. Duermo mejor, estoy menos solo y no me llevo tantos palos. No puedo negar que me complicaba la vida. Y también saben, no son tontos, sobre las ocasiones que tuve para cometer el asesinato y que carezco de coartada para todas ellas.

Sin embargo lo que realmente me inculpa es el cuerpo del delito. Esa es la prueba que hace que incluso yo sospeche de mi. Llevo conmigo lo que indiscutiblemente parece el rostro del muerto. Quizá alguna arruga más y el gesto algo cambiado. Pero el parecido es más que evidente.

Tuve que ser yo. Al principio busqué culpables, señalé con el dedo en varias direcciones, pero pronto me di cuenta de que sólo estaba describiendo el escenario del crimen, sólo me intentaba exculpar con las circunstancias, sólo les estaba sirviendo en bandeja el motivo.

Fui yo. Yo lo maté. Y lo saben, claro que lo saben. Espero que sean clementes y que un día de estos dejen de atormentarme y pueda volver a dormir por las noches. Ahora no puedo ni caminar con la cabeza alta. Si no ceden tendré que tomar medidas. Deberían de temerme. Si acabara también con ellos ¿quien quedaría aquí para acusarme?

Nadie. Impunidad. Me pregunto que me detiene. Sería continuar el camino empezado.

Solo que aquel tipo se merecía algo más que morir en silencio

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Hermanos por parte de madre

6 agosto 2010

Andrés y Diego son hermanos. Han vivido siempre en casa de su madre aunque sus habitaciones son muy distintas. Contiguas pero muy distintas. La de Andrés no sólo está llena de todo tipo de cosas que su padre le ha ido comprando, además está climatizada, sus paredes están tratadas contra la humedad, el hilo musical se activa con la voz y la lampara se enciende paulatinamente a la vez que el despertador va elevando su melodía.

Diego duerme en un colchón viejo que tiene tirado en el suelo junto a la pared que da a la habitación de su hermano porque la nota algo más caliente que las demás. El problema es que cuando llueve hay una gotera en esa parte y tiene que separarse un poco. La habitación no tiene más iluminación que la que entra por la ventana durante el día aunque lo cierto es que no hay nada que iluminar. Su madre, la misma, claro, que la de Andrés, le contó antes de morir que su padre desapareció poco antes de que él naciera. Diego siempre ha sospechado que en realidad su padre es también el de Andrés pero que por algún motivo no lo quiere reconocer. También le decía, su madre, que no podía hacer mucho, que el dinero iba directamente a una cuenta a nombre de Andrés y que cualquier uso no autorizado le podía causar problemas.

Andrés localiza en internet un restaurante que sirve comida a domicilio, llama desde su móvil y en media hora está atiborrándose de pizza. Diego, que lleva con hambre varios días, llama a la puerta de su hermano. Andrés no le abre. Tiene miedo a que por hacerlo una vez, su hermano se acostumbre a pedirle comida. Diego al rato se queda durmiendo en el pasillo con el olor a pizza como narcótico.

Este año está muriendo menos gente en pateras. Eso no significa que esté muriendo menos gente. Solo que mueren más lejos. Diego ya no va a la habitación de Andrés porque este ahora a puesto una nueva puerta, blindada y electrificada. Ya no le queda esperanza y solo espera que no sea verdad que eso es lo último en perderse. Andrés, ahora que no tiene que escuchar a su hermano golpeando en la puerta, vive más tranquilo.

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Testatio mentis

13 mayo 2010

A ver, que soy Dios, y no uno cualquiera, soy el de la de mayúscula, así que haced el favor de escucharme. Es que llevo un tiempo pensando que para mi que no habéis entendido nada, y que o hacemos algo o no avanzamos. Vamos, que más bien vais para atrás. Y, claro, con todo eso de la omnipotencia pues me siento responsable. El caso es que como mi hijo dice que no vuelve allí ni harto de vino y que además no deja de echarme en cara lo que ocurrió, y va ya para dos mil años con ese soniquete en mi oreja derecha, que ya es tiempo, pues que he pensado probar con otra cosa. Así que mediante la presente derogo los diez mandamientos. Ah, y también quedan abolidos los pecados capitales. Los siete, si. Que me parece a mi que os habéis liado con tanta norma. Y que un poco obsoletas se han quedado, la verdad sea dicha. A partir de ahora, para que os centréis, lo único que os pido es que no propiciéis e incluso que no aceptéis el que las condiciones de vida de una persona sean menos dignas que las de otra. Pudiendo ser esta otra persona vosotros mismos, claro está. Y nada de inventaros razones, relativizaciones, historias o circunstancias de esas con las que justificáis tanta diferencia. Que os conozco. Los privilegios, vengan de donde vengan, no tienen cabida y no deberíais descansar ante ellos. Y si alguien duda de mi palabra porque no vea este medio de comunicación adecuado que tenga en cuenta que igual que mandé a mi hijo al más pobre de los lugares, pues ahora escribo mi texto en el más pequeño de los blogs. He dicho.

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Los Graco o la desubicación histórica.

14 abril 2010

Va Tiberio Graco y se le ocurre en la Roma de hace más de dos mil años hablar de reforma agraria. Que si repartición de tierras, que si un límite a la riqueza acumulada… ¿donde vas? le dijeron, no ves que estamos en la antigüedad, déjate de calentar al personal, vamos, ¡con lo prospera que es nuestra república! Todo esto se lo decían, claro, mientras lo ajusticiaban moliéndolo a palos hasta la muerte. Tenía 31 años. Ajusticiar es un verbo de lo más extraño.

Pero es que resulta que su hermano Cayo no aprendió la lección y empezó también a remover con lo mismo. ¿Quizá la educación con base griega que su madre Cornelia les garantizó? ¿Quizá cierta inclinación a la justicia? Quizá poco aprecio por la vida propia. No tuvo tanta mala suerte como Tiberio y cuando murió ya tenía 33 años. Otro Graco fuera.

Y no queda ahí la cosa. Mucho después, durante la Revolución Francesa a un tal Babeuf no se le ocurre otra cosa que, en honor a los mencionados tribunos romanos, adoptar el nombre de Graco para firmar textos que ahora reclaman doctrinas que ni existían en aquella época. Y mientras decía que él no acababa de ver eso de que la justicia estuviera escrita en una tabla de madera pero no en las casas de la gente le dijeron …si, si, Graco ven anda, acércate, pon un momento el cuello aquí. ¡Zas! 36 años. La Conspiración de los Iguales al garete.

Así que hoy en nuestra ejemplar sociedad a ver si aprendemos de una vez, porque guillotinas no hay pero las formas de acabar con los que viven fuera de su tiempo son múltiples: para llegar bien a los 40 olvidémonos de usar el nombre de Graco y… había otra cosa… ah sí, es conveniente no hablar, o incluso mejor no ver, que es lo que ahora más se lleva y, la verdad, mucho más cómodo.

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La razón del equilibrio

22 octubre 2009

Asomaos. ¿Veis aquel chaval alto al que rodean un grupo de niños? Ese es el líder. El resto de niños asume su autoridad y acepta las normas que él dispone. Es muy inteligente y a base de iniciativa y valor ha logrado el carisma del que hoy disfruta. En varias ocasiones ha sabido encontrar solución a diversos problemas entre los demás niños. Ahora en el patio del colegio nunca hay peleas.

Y ahora mirad aquel rincón. Aquel otro niño, el pelirrojo que está allí sentado en el suelo, fue siempre bastante problemático. Aparentemente sin razones le tenía manía al líder. Iba siempre solo y no participaba en las actividades con el resto de alumnos a no ser que los profesores le obligaran.

Hace unos días, durante una clase de gimnasia, a uno de los secuaces del líder le robaron todo lo que llevaba en lo mochila. El ladrón no dejó prueba alguna pero el líder sospechó desde el principio de aquel chico pelirrojo. Al ver que el crimen seguía impune decidió meter en la taquilla del sospechoso un reloj y decirle a la victima del robo que dijera que era suyo cuando él lograra que el profesorado abriera la taquilla y lo descubriera.

El niño pelirrojo recibió un severo castigo. Y el secuaz del líder, al que le carcomía la conciencia, se acercó en secreto para decirle que sentía que pagara por el robo. Pero el niño pelirrojo le dijo secamente que el robo si lo había cometido él e inmediatamente se giró y se alejó.

El secuaz, que es aquel que veis allí serio en aquel grupo, se quedó entonces parado pensando que, después de todo, se había hecho justicia. Y gracias al líder. Sin embargo algo raro notaba dentro. Quizá una balanza que andaba descompensada en sus entrañas había acabado por romperse.

Inspirado en “Sed de Mal”, de Orson Welles.

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Ausencias

13 octubre 2009

Gustavo Germano, el fotógrafo, señala que ya está preparado y Mario Alfredo Amestoy, con alrededor de 60 años, comienza a corretear ladera abajo como aquel día ya lejano en el que fue allí a pasar un día de campo en familia… ¡flash!

En la foto, una más de la exposición Ausencias, Mario Alfredo Amestoy está solo pero no es el protagonista. Ese título se lo reserva su hermano Omar Darío Amestoy que en la misma foto echada 30 años atrás si que estaba. La zona por la que él correteaba se ve ahora vacía.

Omar Darío Amestoy fue asesinado en 1976 con 31 años en Buenos Aires junto a su mujer, Maria del Carmen Fettolini de 29 años, y sus hijos Maria Eugenia y Fernándo, con 5 y 3 años respectivamente. Fueron asesinados en su casa por las Fuerzas Conjuntas al mando del Teniente Coronel Fernando Saint Amant, compuestas por el ejército argentino y la policía federal y bonaerense. La actividad social que Omar Darío Amestoy llevaba a cabo en los barrios marginales de la ciudad cesó.

En la misma matanza, conocida como la masacre de la calle Juan B. Justo, también fue asesinada Ana María del Carmen Granada, cuyos restos siguen sin aparecer y cuyo bebé fue el único superviviente. El marido de Ana María del Carmen Granada había desaparecido meses atrás.

Hoy, a mi entender, Gustavo Germano ha conseguido con las parejas de fotos de su exposición poner signos de exclamación al silencio, y yo se lo agradezco.