Posts Tagged ‘Naturaleza humana’

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A mi imagen y semajanza

6 diciembre 2011

Mi atormentado discípulo, escucha atentamente, esta será la última de mis enseñanzas. Dentro de unos minutos moriré.

Descubre tu rostro.

Conoces las herramientas que posees. Hemos invertido mucho tiempo en mostrártelas bien. Las has ejercitado hábilmente, tanto las físicas como las mentales. Por supuesto no dudo de que eres consciente de que su poder excede a tus necesidades. Has de saber, si no lo has adivinado ya, que eso es una anomalía en una naturaleza por lo demás armoniosa. No encontrarás en este planeta nada igual a ti. En efecto. No encontrarás jamás compañía. Tanta diferencia lo impedirá.

No le busques sentido a lo que eres. La respuesta no es más que un dado que ha ido dando vueltas hasta quedar en equilibrio sobre una de sus esquinas. Único y extraño. Pero nada más. No hace falta nada más para ser que el estar.

Y sin embargo ahí es donde vivirás. No dejaras nunca de intentar entender y dar significado al caos. La inutilidad de la tarea te frustrará día tras día. Ni siquiera sentirás alivio tras hacer lo que vas a hacer ahora. Aun así, adelante. Es el justo pago por tu formación. Tus instintos merecen ser escuchados y yo ansío descanso. Tu comienzo es mi final.

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Fluidos versus sólidos

3 noviembre 2011

Mi colega Klaus, peor físico que yo por cierto, y me aventuro a decir que no sólo cientificamente hablando, llevó a cabo cierto experimento hace un par de años. No lo remitió a ninguna publicación porque el cajón donde guarda las cartas con el “lo sentimos bla bla bla”, el primero empezando por abajo de su escritorio, pide a gritos una ampliación que él no está dispuesto a conceder. Prefiere organizar pequeñas cenas en las que, eso hay que reconocérselo, se trabaja minuciosamente el que no se le cierre el grifo para seguir investigando a pesar de su paupérrima productividad científica. Para ellas hace una espléndida selección de comensales, entre los que por supuesto me encuentro junto a otras eminencias científicas y no menos eminentes altos cargos, científicos o no pero con dinero que repartir, y una exhibición de verborrea digna de ser rodada y distribuida como una clase magistral de encantamiento.

Hace un par de años, como decía, nos contó mientas esperábamos los postres que había ideado un método gracias al cual provocando la alegría de manera controlada en diferentes individuos podía materializar esas sensaciones producidas y recogerlas en recipientes como quien recogiera el sudor que provoca el miedo intenso. Como era de esperar no nos dio información acerca de la metodología, marca de la casa de Klaus, pero si nos habló de los resultados. Las alegrías formaban un líquido que contra todo pronóstico resultaba bastante negruzco. Pero lo más curioso es que la solidificación de dicho fluido no se producía bajando la temperatura sino aumentando la cantidad de materia. Es decir, cuanto más líquido había en el recepiente más viscoso era. Y esto sucedía hasta un punto en el que se convertía en una especie de hielo. Klaus consideraba esto prueba suficiente de que su experimento era un éxito y que, en efecto, esa especie de hielo, esa alegría solidificada, es nada más y nada menos que la felicidad.

Aceptando estos resultados como quien acepta pulpo como animal de compañía y con la copa que hábilmente sucede a los postres estuvimos un rato hablando de las consecuencias e implicaciones del descubrimiento. Quedó explicada por ejemplo, al menos como hipótesis, la insistente búsqueda de la felicidad del ser humano. Esta búsqueda, de innegable existencia por estar documentada hasta la extenuación texto tras texto a lo largo de la historia escrita, parece lógica ya que con el estado sólido alzanzado, es decir con la felicidad hecha una piedra, se consigue garantizar la no perdida de material. Incluso se podría prescindir del recipiente una vez solidificada dicha felicidad. Sin embargo, con el líquido primigenio que forman las alegrías esto no sería posible, ya que resulta evidente que cualquier pequeño agujero puede ser causa de la perdida completa del material obtenido. Así podriamos entender la felicidad como la optimización de circustancias para que las alegrías no terminen pidiendo paso en la alcantarilla más cercana. Hasta ahí el debate fue dinámico pero no acalorado. Otra cosa fue cuando Klaus nos reveló la dificultad que surgió para seguir recogiendo alegrías de los individuos para los que la felicidad había solidificado. La sospecha de que para mantener dicha felicidad no hacen falta alegrías nos llevó poco menos que a las manos. De hecho mi monóculo acabó en el suelo y apareció minutos después profusamente pisoteado, casualmente según me insisten. Estarán conmigo en que las implicaciones de la afirmación son, cuando menos, gravísimas, ya que postulan un individuo feliz como un ente prácticamente inerte.

Finalmente en un arranque de sabiduría y voluntad supimos retirarnos y llevarnos las últimas reflexiones a casa, donde, en mi caso y en el de cualquiera con un mínimo criterio, en el revistero junto al retrete el trabajo de Klaus puede acompañar a la literatura tipo conócete a ti mismo, a periódicos pasados de fecha y a la propaganda del supermercado del barrio.

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Fuera de su tiempo

11 octubre 2010

Julio dio por finalizada su vida hasta entonces. A mi nada me ha contado de ella por más que alguna vez le he preguntado. Dice que es la vida de otra persona y que no le gusta hablar de otra gente.

El caso es que se vio ante la disyuntiva de elegir quien ser a partir de ese momento. Mientras abría el catálogo de personalidades pensaba que lo coherente sería optar por alguien a quien él mismo admirara. De primeras podría haber elegido ser un “héroe de hoy en día” (así venía encabezada una de las páginas mas gastadas del catálogo), un joven bien formado y hecho a si mismo, concienciado nivel 2 (separo plásticos, orgánica, papel, vidrio, aceite usado y pilas), con un innegable atractivo físico, buena gente pero no tonto, inteligente, seguro de si mismo y dotado de un gran sentido de humor que le permita poder reírse de todo.

A punto estaba Julio de no encontrar razones para seguir buscando cuando cayó en la cuenta de algo que le chirriaba. Tal vez era un capricho pero el prefería una característica ausente en esa personalidad. Fue al índice del catálogo y buscó entradas de héroes con la etiqueta “Fuera de su tiempo” (una nota al pie aclaraba que eran héroes de hoy en día de ediciones anteriores). ¿Rubio joven y voluntarioso, trabajador, enamoradísimo y bueno a más no poder? ¿moreno de mediana edad y un poco de vuelta de todo, con cigarro, descreído y gris pero con buen corazón en el fondo? ¿rebelde con causa al que no doman los palos de la vida? ¿triunfadora e independiente con un gran presupuesto en sus manos?

Julio cerró el catálogo con disgusto. Pensó que para él ese “Fuera de su tiempo” que tanto le atraía era más bien “Por delante de su tiempo”. Eso, por definición, no lo iba a encontrar en ningún catálogo. Tenía que hacerlo él mismo. Pero a la vez debía evitar que quien era en ese momento, ese producto de su tiempo que aprueba con la cabeza mientras lee la página más gastada del catálogo, definiese quien iba a ser. Sólo se le ocurrió una posibilidad.

El azar. Era arriesgado, no tenía por que conseguir su objetivo, pero le pareció que era la única manera que no garantizaba el fracaso en su empresa. Relleno papelitos con rasgos de personalidad y llevó a cabo un sorteo. He de confesar que ante mi incredulidad Julio siempre ha afirmado que le costó muy poco trabajo ser quien es ahora. Y no sé… a mi caerme me cae bien. Pero la verdad es que lo de héroe, lo de hombre fuera de su tiempo, no lo acabo de ver. Yo creo que es un tipo normal. Aunque una historia que contar sí que tiene. Y puede que dos si se decide a hablar de otra gente.

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Hacia el electrocardiograma plano

16 julio 2010

Con poco más de 5 años, a Nacho le regalaron un barco pirata. Aun siendo uno de juguete le hacía mucha ilusión. Mientras retiraba la envoltura ya imaginaba lo que había dentro. Era un chico muy listo. La caja apareció por fin y Nacho la sacudió cuidadosamente para escuchar las piezas del interior sonar. Con los mofletes doloridos de sonreir pensó que la vida es el mayor de los bienes y el mundo un lugar fantástico.

Un año después, estando con sus padres de visita en casa de unos familiares, le regalaron una piruleta. Nacho, un chico muy listo, no lo olvidemos, la guardó para luego disfrutarla tranquilamente en su casa. Sin embargo, después en su habitación, con la piruleta a punto de acomodarse sobre su lengua, su madre se corporizó enfrente suya como recién llegada del Oeste de Oz. Se la quitó justo a tiempo argumentando que era malo para los dientes. Nacho se tiró en la cama boca abajo mientras sollozaba de manera contenida. Pensaba que la vida era una mierda y que no tenía sentido continuar.

Tenía 23 años cuando acabó la carrera. Para celebrarlo decidió no organizar unas fiestas de interés turístico internacional y dejarlo en salir a tomar una cerveza con un par de amigos. Esa misma tarde al echar un vistazo a su más que decente certificado académico, repito que era un tipo listo, pensó que aquello era la recompensa a muchos años de esfuerzos. Mientras se vestía para salir Nacho sonreía perezosamente.

Dos años después un Nacho enamorado encajaba la ruptura de una relación con un “no pasa nada”, todo un clásico de chicos listos que quieren conservar un mínimo de orgullo. Cuando ella se dio la vuelta y se marchó, él permaneció repitiéndose ese “no pasa nada” sorprendido al descubrir que además era verdad. No tardó mucho en darse también la vuelta y algo alicaído, eso sí, se dirigió a su casa pensando en la programación de televisión aquella noche.

Nacho tenía 43 años cuando acertó una quiniela. Para que luego haya dudas de que es un tipo listo. La cantidad era suficiente para pagar todo lo que le quedaba de hipoteca y decidió que ese era el uso que le iba a dar. Hizo todo el papeleo y días mas tarde cayó en la cuenta de que no le había comentado a nadie la gran noticia. Estuvo a punto de llamar a su madre pero no lo hizo. Tampoco la cosa merecía tanto la pena.

Su padre murió cinco años después. En el trabajo tenía derecho a cuatro días de ausencia ya que tenía que desplazarse de ciudad. Sin embargo Nacho solo se tomó dos días libres y volvió al trabajo con la excusa de que prefería tener su mente ocupada. Le sabía mal admitir que quería acabar unas tareas en las que estaba liado esos dias y prefirió mentir antés de que pareciera que no le importaba demasiado la muerte de su padre. Ya se sabe. Un tipo listo.

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No abrir de momento

27 abril 2010

Si me has hecho caso cuando leas esto será porque ya no estemos juntos. Como han cambiado las cosas ¿verdad Clara? Ahora, mientras escribo, todo es tan bueno, tenemos tanta ilusión, y sin embargo, ahora, mientras lees, todo ha acabado y a los para siempre les ha salido un después.

Ni por un segundo pienses que este escrito demuestra que no he sido sincero o que no lo he intentado lo suficiente. Mi deseo es que nunca tengas que leer esto, y no porque una vez separados ni te molestes en abrir el sobre, sino porque nos llegue la muerte antes de que se acabe ese nosotros. Pero por otro lado, frente a esa deseo que insisto tengo, hay un miedo atroz a la estupidez. Me podría permitir ser un triste el resto de mis días, pero no un estúpido triste. Por eso te escribo. Para que sepas, y para saber yo, que soy consciente de que todo mi empeño resultará en vano y que a pesar de eso no voy a escatimar esfuerzos ni voy a dejar que ningún riesgo que pueda correr, y que corro, me reste empuje.

Es posible que te preguntes el por qué no prevenir el dolor y dejar de avanzar hacia el vacío. Yo mismo me lo pregunto. Para ser sincero he reescrito el parrafo anterior para sustituir la palabra esperanza por la palabra deseo. Ya ves Clara. La respuesta no es ignorancia. Simplemente es mi naturaleza. Como el escorpión. ¿Recuerdas? El que pica a la tortuga sobre la que viaja de una orilla a otra del rio. La tortuga le pregunta por qué lo ha hecho, sabiendo que con ello ambos iban a morir ahogados. Y él, algo cabizbajo, le responde que es su naturaleza. No lo puede evitar. No lo puede evitar Clara. Debes de recordar la fábula porque hoy te la voy a contar.

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El experimento

28 marzo 2010

He sido informado, por eso conozco todo el proceso. Al principio fui una idea más del doctor Diosenstein, un proyecto parecido a otros muchos, pero por alguna razón una vez en el laboratorio él y todo su equipo se dedicaron especialmente a mi. Pasaron muchos años diseñando las distintas piezas que me componen. Se desecharon numerosos prototipos y ensayo tras ensayo lograron que multitud de modificaciones aparentemente pequeñas me diferenciaran del resto de sus trabajos. Era el proyecto estrella. Soy el proyecto estrella. A mi juicio durante el ensamblaje todo fue bien, pero quizá por ello el doctor comenzó a ser pretencioso en exceso y me dotaron de algo más. Algo que me convierte no en mejor sino en diferente. Acepto que su crueldad no fue premeditada, y que mi acabado físico es brillante, sin embargo albergo dudas de que la lógica de funcionamiento esté a la altura. Últimamente me ha dado por pensar que la razón es que estoy inacabado, pero en ese caso estimo que no debieron desatar las correas que me sujetaban a la camilla. Lo primero que hice fue matarlos a todos. Me pregunto como se les ocurrió hacerme rencoroso.

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Vísceras

15 febrero 2010

Que sí, que a mi me los han dado cambiados, que no se me ocurre otra explicación y llevo ya tiempo buscándola. Porque no lloro por llorar, que la cosa no es fácil soportarla, que es un día tras otro, y no es que le quiera echar la culpa a nadie, ni siquiera digo que los demás estén mejor, sólo es que a mi me los han puesto al revés o algo así y que menos que decirlo, que si no reviento.

No deja de asombrarme escuchar a la gente, oír decir lo visceral o cerebral que cada uno es, que sus corazones les llaman a lanzarse al vacío, a arriesgar, a hacer lo que les gusta sin miedo a las posibles consecuencias, y que sus cabezas luchan por mantenerles con los pies en el suelo, y a ayudarles a no tropezar dos veces en la misma piedra, y a nadar guardando la ropa y toda esa serie de cosas que no dejan de repetir una y otra vez. Y yo no entiendo nada. Es que no entiendo nada, ni esa lucha interna ni ese equilibrio entre dos fuerzas que me son ajenas o que al menos en mi campo de batalla se han vuelto locas o juegan a cambiarse de uniforme o yo que sé.

Y mi cabeza sin dejar de decirme que adelante. De exigírmelo. Que no se me ocurra conformarme, que lo bueno no me impida buscar lo mejor, aunque sea a costa de perderlo todo, que mire el reloj, me dice constantemente que mire el reloj y me pregunta si acaso veo que las agujas dejen de moverse, y no, las agujas no paran. La cuenta avanza hacia atrás y yo he de avanzar hacia delante. Y mi corazón sin ya demasiado resuello me dice que él no puede más, que ya está bien, e intenta pedir clemencia, pero apenas le sale la voz mientras sigue caminando.