Posts Tagged ‘Psicología’

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Vencedores

13 enero 2012

− No es que sea un perdedor, mi amigo José, pero desde luego no es un ganador. Ya desde muy joven se le veía la falta de ambición. Este se va a quedar en el pueblo, pensabamos, y así ha sido.
»Ahora nos mirará con envidia el pobre, distribuidos por el mundo en los trabajos más diversos, la vieja pandilla, mientras él sigue allí en medio de la nada. Viendo pasar las estaciones. Eso es lo que hace. Y un viaje anual y la barbacoa de los domingos con su mujer y sus hijos. Su taller no le da para mucho más.
»A veces viene a verme y se le ve contento con su vida. Pero el pobre infeliz escucha con tanto interés mis batallas que me veo obligado a restarles importancia.
»Habrá que hacer algo para que sus hijos no sigan su ejemplo. Habrá que mostrarles lo que el mundo puede ofrecerles, meterles la ambición en el cuerpo, las ganas de prosperar. Prosperar hacia donde pregunta mi amigo José. El pobre…

− Lo siento pero son las siete ya. Por hoy basta. Mañana a la misma hora. No olvide tomar su medicación. Y si continúa sin poder dormir intente leer o cocinar o cualquier otra cosilla antes que quedarse en la cama, ¿de acuerdo?

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Otro hombre

9 febrero 2011

Mañana sería otro hombre. El hombre que a él le gustaría ser. Marcelo lo decidió en un instante de inspiración, una bombilla encendida de repente que arrojó luz sobre lo que en medio de las sombras parecía problema de los demás, pero que bien visto era problema suyo. Esta vez no se tuvo que comer la frustración al comprobar que no le escuchaban cuando hablaba, esta vez la rabia dio sus frutos y Marcelo calló en seco, se dio media vuelta sin arrojar excusas a un probable vacío y comenzó a andar hacia su casa mientras rumiaba la idea con la que se había encontrado.

Al día siguiente Marcelo no solo se despertó muy temprano sino que además se levantó ipso facto. Tomó algo de fruta y se fue a correr media hora por el parque. Luego se duchó, desayunó leyendo el periódico, se puso ropa elegante pero informal y se dirigió al trabajo. Allí se mostró sereno y confiado, habló poco, lo necesario y sin balbucear, frases con comienzo y final. Sentado en una buena postura delante del ordenador se propuso una serie de tareas para la mañana y disfrutó con los pequeños avances que lograba. Y cuando se atascaba no se venía abajo sino que buscaba soluciones o alternativas. Comió pescado y cogió la tarde libre para visitar a su madre. Su jefe, por supuesto, no tuvo nada que objetar ante alguien con semejante asertividad. Pero si no hubiera sido así, Marcelo lo hubiera acatado y valoraría el hecho como información, sería como un as en su manga. Con su madre estuvo atento y cariñoso. Nada de contar los minutos. Al salir fue a una galería donde se celebraba una exposición que había llamado su atención en el periódico, miró los cuadros con interés, hizo alguna pregunta y con ello abrió la posibilidad de conectar con alguien con quien luego cenar y charlar sobre algo interesante. No surgió pero lo asumió con indiferencia. Poco más tarde llegó a casa, cenó ligero y se acostó con un libro en las manos mientras repasaba mentalmente el día con las buenas sensaciones inherentes a quien había sido, alguien a quien le gustaría parecerse.

Horas después, cuando sonó de nuevo el despertador, Marcelo metió la cabeza bajo la almohada y empezó a pensar en una excusa para no ir a trabajar. Sin embargo se volvió a dormir antes de dar con alguna.

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Vísceras

15 febrero 2010

Que sí, que a mi me los han dado cambiados, que no se me ocurre otra explicación y llevo ya tiempo buscándola. Porque no lloro por llorar, que la cosa no es fácil soportarla, que es un día tras otro, y no es que le quiera echar la culpa a nadie, ni siquiera digo que los demás estén mejor, sólo es que a mi me los han puesto al revés o algo así y que menos que decirlo, que si no reviento.

No deja de asombrarme escuchar a la gente, oír decir lo visceral o cerebral que cada uno es, que sus corazones les llaman a lanzarse al vacío, a arriesgar, a hacer lo que les gusta sin miedo a las posibles consecuencias, y que sus cabezas luchan por mantenerles con los pies en el suelo, y a ayudarles a no tropezar dos veces en la misma piedra, y a nadar guardando la ropa y toda esa serie de cosas que no dejan de repetir una y otra vez. Y yo no entiendo nada. Es que no entiendo nada, ni esa lucha interna ni ese equilibrio entre dos fuerzas que me son ajenas o que al menos en mi campo de batalla se han vuelto locas o juegan a cambiarse de uniforme o yo que sé.

Y mi cabeza sin dejar de decirme que adelante. De exigírmelo. Que no se me ocurra conformarme, que lo bueno no me impida buscar lo mejor, aunque sea a costa de perderlo todo, que mire el reloj, me dice constantemente que mire el reloj y me pregunta si acaso veo que las agujas dejen de moverse, y no, las agujas no paran. La cuenta avanza hacia atrás y yo he de avanzar hacia delante. Y mi corazón sin ya demasiado resuello me dice que él no puede más, que ya está bien, e intenta pedir clemencia, pero apenas le sale la voz mientras sigue caminando.

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Cirugía moderna

19 enero 2010

Déjelo doctor, tengo miedo de volverla a encontrar. Y sin el dolor no tendría con que defenderme frente a ella. Si accedo a operarme y quita usted todo su rastro de mi cabeza, si me limpia de sus recuerdos, ¿que pasará cuando la vuelva a ver por primera vez?

Sus ojos clavados en los míos. Mi cuerpo dentro del suyo. Las nubes bajo los pies y… No. Otra caida así no. Prefiero arrastrarme por el suelo como hago ahora. Ya se que no estoy bien, pero lo peor, lo duro, fue el aprendizaje. Y no es que esté orgulloso, preferiría no saber lo que sé, que nada hubiera pasado, o mejor que nada pudiera pasar, pero eso no lo consigue su cirugía, hasta ahí no ha llegado la ciencia. Asi que no, doctor, escojo asegurarme de que no volverá a pasar. Y para eso no es que necesite el pasado, lo que necesito es que me duela hoy, y, ya le digo, me da miedo que no sea así si usted me arranca ese trozo de memoria.

Imaginese que ella también se opera, que me borra al igual que yo a ella, y que mañana nos sentamos al lado en el metro. Ni siquiera puedo estar seguro de que lo que ahora recuerdo solo haya pasado una vez. Usted me lo diría, ¿verdad Doctor?. Déjelo. Sigo con los antidepresivos. Sigo dejando que pase el tiempo. Puedo hacerlo. A ver donde me lleva.

Inspirado en “Olvidate de mi”, de Michel Gondry.

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El otro

19 octubre 2009

Hay alguien que abre los ojos cuando yo me despierto. Un tipo que hace mi trabajo y se relaciona con mis amigos. Normalmente yo me quedo en la cama, sin embargo alguna mañana no puedo evitar esconderme en un rincón de su cabeza y observar con que actividades rellena los días. Incluso siento envidia al verlo actuar. A diferencia de mi, ha aprendido a manejarse en este mundo.

Me temo que en cierto modo soy una carga para él. Me descubro hablándole al oído de tristezas, culpas y miserias. Y me escucha, el pobre me escucha, pero es más fuerte que yo, se dedica a seguir caminando, a saludar con una sonrisa a las caras conocidas, a parar cuando ve el peatón de los semáforos en rojo y reanudar la marcha cuando se pone en verde, a cubrirse cuando llueve y a abrigarse contra el frío.

¿Y si ese, el caminante y no yo, fuera el verdadero? Yo no sería más que un trastorno pasajero. Unos momentos de locura. Por que el caso es que cuando me duermo es él quien cierra los ojos.

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Ojala estuvieras aqui

19 junio 2009

Imagino el momento en el que un aficionado a la filatelia descubre que un sello dentro de una serie recién adquirida es defectuoso. Lo mira y remira mil veces con la lupa para confirmar lo que ha visto antes de echarse atrás en el respaldo de la silla sonriendo. Jamás lo volverá a mezclar con los demás.

La Torre de Pisa podría haber sido demolida cuando empezó a inclinarse para así construir una nueva. Ahora gozaríamos de una preciosa y derecha Torre de Pisa. Y seguramente su imagen se perdería en nuestra retina al lado de unas cuantas torres también preciosas y perfectamente verticales.

Hay paisajes que en cuanto tenemos delante sabemos calificar como especiales. Y hay gente especial que pasa a nuestro lado a la que ni siquiera miramos dos veces. Syd Barret nunca fue un tipo normal. La gente intenta comprender y clasificarlo todo, esquizofrenia, trastorno bipolar, efectos del LSD, demasiado éxito… Resumiendo, que no todo se puede comprender. Pero incluso así, que menos que mirar y dejar que nos bañe el polvo de estrellas que un cometa va dejando. Aunque no entendamos que pinta ese cometa en el cielo.

Roger Waters sabía lo especial que era Syd Barret. Y era consciente de su enorme talento para escribir canciones. De hecho, ya sin Syd Barret en Pink Floyd, Roger Waters asumió las tareas de composición e hizo un par de discos para la historia. A la luz de la estela de Syd Barret. La oscura luz de su amigo Syd Barret. Ese tipo raro al que echaba tanto de menos:

“Como me gustaría que estuvieras aquí. Solo somos dos almas perdidas nadando en una pecera, año tras año, corriendo sobre el mismo viejo suelo. ¿Qué hemos encontrado? Los mismos viejos miedos. Ojala estuvieras aquí.”

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En cuerpo y… química

1 febrero 2009

 

Ya hay un esquema básico. Está hecho a mano alzada, sin detalles, pero la idea final se puede entrever. En la paleta de colores bien mezclados unos cuantos genes y a ver que sale. Una serie de hormonas por aquí, unos receptores por allá y ahí la tenemos. El alma.

 

Terminar el cuadro será complicado pero la labor tendrá sus frutos. La ansiedad fuera, los miedos fuera, calma envasada frente a los nervios y pastillas de felicidad para los sábado noche. Unas spray de oxitocinas para estar enamorado durante dos años y algo menos de testosterona para mañana. La dopamina alta por favor, dopamina que no me falte. Y que no se nos olvide algo de vasopresina para cuando los efectos de las oxitocinas se apaguen.

 

Que bien. Vamos conociendo todos los sumandos hasta que al final sepamos el resultado. ¿Somos eso? ¿El producto de una suma? ¿La respuesta a una pregunta? ¿Sólo eso? ¿Un poco de teoría de evolución más un poco de química? Menudos pinceles son esos. Capaces de dibujar cualquier cosa. Debería alegrarme de contar con ellos. No se porqué me deprimo.