Posts Tagged ‘Reflexión’

h1

Vencedores

13 enero 2012

− No es que sea un perdedor, mi amigo José, pero desde luego no es un ganador. Ya desde muy joven se le veía la falta de ambición. Este se va a quedar en el pueblo, pensabamos, y así ha sido.
»Ahora nos mirará con envidia el pobre, distribuidos por el mundo en los trabajos más diversos, la vieja pandilla, mientras él sigue allí en medio de la nada. Viendo pasar las estaciones. Eso es lo que hace. Y un viaje anual y la barbacoa de los domingos con su mujer y sus hijos. Su taller no le da para mucho más.
»A veces viene a verme y se le ve contento con su vida. Pero el pobre infeliz escucha con tanto interés mis batallas que me veo obligado a restarles importancia.
»Habrá que hacer algo para que sus hijos no sigan su ejemplo. Habrá que mostrarles lo que el mundo puede ofrecerles, meterles la ambición en el cuerpo, las ganas de prosperar. Prosperar hacia donde pregunta mi amigo José. El pobre…

− Lo siento pero son las siete ya. Por hoy basta. Mañana a la misma hora. No olvide tomar su medicación. Y si continúa sin poder dormir intente leer o cocinar o cualquier otra cosilla antes que quedarse en la cama, ¿de acuerdo?

Anuncios
h1

Arte no amateur

23 noviembre 2011

Lo vacío de mi discurso no es solamente mérito mío. Tened en cuenta que, digámoslo así, he sido amablemente invitado por las circunstancias a no reflexionar. O al menos a dejarlo para momentos muy ocasionales. Alguna tarde en la que mi mp3 se ha quedado sin pilas a medio camino y me he visto forzado a llegar hasta mi casa sin nada en lo que lograr centrar mi atención (la publicidad de las marquesinas se repite en demasía). O cuando no he tenido un tebeo a mano junto a la taza del váter y me he visto allí sentado sólo sin un triste champú cuya lista de ingredientes poder leer detenidamente en el par de minutos que tenía por delante. Y ya está. Pocos más instantes han resistido el embate.

Mi condición de lector voraz no sólo no ha servido para defenderme de esas, insisto en el término, circunstancias, sino que ha acompañado y acaso hasta pulido mi vacuidad. La inmensa mayoría de mis lecturas, diría todas si no fuera por mi exquisita moderación, han sido escritas por gente cuyo bienestar dependía de lo que escribía. Sí, por supuesto, libres, independientes y hasta democráticos y sostenibles. Grandes profesionales que me entretienen y me enganchan con sus productos tanto como lo hacen las hamburguesas. Y en cuanto a la otra actividad a la que le dedico tiempo, el cine, pues anda por los mismos lares, temiendo la invasión bárbara mientras al final de las películas aparece sí o sí el chorro de nombres de personas que han trabajado en ellas. Personas que probablemente quieren seguir trabajando en el sector. ¿Cómo no me van a dar lo que quiero? Son gente competente.

Y con este bagaje sumado a los monólogos estériles que cruzo con la gente ¿qué fondo queréis que anuncien mis palabras? Aprendo de lo que veo que no es poco. Soy un monito de imitación. Que hay elegidos por ahí destilando genialidad en medio de este lodazal, seguro, sin duda, y mis ojitos abiertos a ver si soy capaz de localizarlos. Búsqueda en progreso como dicen los ordenadores. Pero no vayáis a pretender que mientras tanto yo, con estos mimbres, vaya a esculpir ahora el David.

h1

Fisiología

6 julio 2011

El ascensor llega al tercero y abre sus puertas expectante.

Entra la pareja de las 20:00. Hoy se han adelantado casi media hora. Algo desilusionado, el ascensor cierra puertas y espera a que introduzcan la llave del garaje para confirmar que es allí a donde tiene que llevarlos.

Al final del recorrido vuelve a abrirse y mira como se alejan en la oscuridad a la luz del móvil que él saca de su bolsillo. Parece que nadie les ha comentado que ya funciona el interruptor.

El ascensor, que por viejo ya se las sabe todas, se queda pensando en el tiempo que hace que no les ve tocándose por debajo de la ropa, dándose besos urgentes, disimulando con la cara roja y las manos a la espalda cuando paraba en un piso y abría las puertas sin previo aviso.

– Se han dejado de tocar. –Piensa. –Un día de estos se va a quedar embarazada.

h1

Comodidad

29 junio 2011

Jesús le dijo a Marta “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?”. Marta, que además tenía el cadáver de su hermano aun fresco, no tardó en contestar.

Siglos después Adam Smith le vino más o menos a comentar a sus contemporáneos “Si miráis cada uno por vuestro interés, una mano invisible hará que el mundo progrese de la mejor manera posible”.

No me parece que el capitalismo después de 250 años haya ido llevando al mundo a la mejor de las situaciones. Más bien da asco mirarlo. Así que a partir de ahora dudaré cuando alguien me ofrezca la vida eterna. Lo siento por Lázaro pero he aprendido a desconfiar de las elecciones cómodas.

h1

Borrones

28 febrero 2011

A veces sucede que tropiezas. Vas caminando por el tiempo, día a día, año a año, más o menos en la dirección que te has marcado, doblando cuando hay que doblar, acelerando cuando hay que acelerar, y de repente en un descuido tropiezas, trastabillas y cuando abres los ojos tras parpadear no sabes siquiera donde estás. Y te preguntas como has llegado ahí, consciente de que ninguna previsión que hubieras hecho hubiera acertado con el sitio en el que te ves. Y piensas en las sorpresas que la vida esconde tras sus esquinas.

Otras veces pasa el tiempo y no tropiezas. Reflexionas mirando atrás y ves que hoy estás cerca de donde podías haber previsto que ibas a estar. Y se supone que uno tendría entonces que levantar la cabeza orgulloso de que está siguiendo su camino, pero no lo haces. En su lugar arrastras los pies por si hubiera algún desnivel en el suelo y miras distraído al cielo para no verlo venir y así no poder evitarlo y poder abrir los ojos luego con sorpresa frente a un espejo. Porque el azar construye vidas más interesantes. Y nosotros, arquitectos del aburrimiento, en un ejercicio de humildad no podemos más que contar los borrones que adornan los planos que en su día dibujamos. Y aceptar nuestra mediocridad.

h1

Otro hombre

9 febrero 2011

Mañana sería otro hombre. El hombre que a él le gustaría ser. Marcelo lo decidió en un instante de inspiración, una bombilla encendida de repente que arrojó luz sobre lo que en medio de las sombras parecía problema de los demás, pero que bien visto era problema suyo. Esta vez no se tuvo que comer la frustración al comprobar que no le escuchaban cuando hablaba, esta vez la rabia dio sus frutos y Marcelo calló en seco, se dio media vuelta sin arrojar excusas a un probable vacío y comenzó a andar hacia su casa mientras rumiaba la idea con la que se había encontrado.

Al día siguiente Marcelo no solo se despertó muy temprano sino que además se levantó ipso facto. Tomó algo de fruta y se fue a correr media hora por el parque. Luego se duchó, desayunó leyendo el periódico, se puso ropa elegante pero informal y se dirigió al trabajo. Allí se mostró sereno y confiado, habló poco, lo necesario y sin balbucear, frases con comienzo y final. Sentado en una buena postura delante del ordenador se propuso una serie de tareas para la mañana y disfrutó con los pequeños avances que lograba. Y cuando se atascaba no se venía abajo sino que buscaba soluciones o alternativas. Comió pescado y cogió la tarde libre para visitar a su madre. Su jefe, por supuesto, no tuvo nada que objetar ante alguien con semejante asertividad. Pero si no hubiera sido así, Marcelo lo hubiera acatado y valoraría el hecho como información, sería como un as en su manga. Con su madre estuvo atento y cariñoso. Nada de contar los minutos. Al salir fue a una galería donde se celebraba una exposición que había llamado su atención en el periódico, miró los cuadros con interés, hizo alguna pregunta y con ello abrió la posibilidad de conectar con alguien con quien luego cenar y charlar sobre algo interesante. No surgió pero lo asumió con indiferencia. Poco más tarde llegó a casa, cenó ligero y se acostó con un libro en las manos mientras repasaba mentalmente el día con las buenas sensaciones inherentes a quien había sido, alguien a quien le gustaría parecerse.

Horas después, cuando sonó de nuevo el despertador, Marcelo metió la cabeza bajo la almohada y empezó a pensar en una excusa para no ir a trabajar. Sin embargo se volvió a dormir antes de dar con alguna.

h1

Trenes

29 diciembre 2010

− Manolo tengo una metáfora que explica lo que me pasa. La leí ayer. Debe ser que es bastante común.

Manolo no escucha nada, y no sólo por la lápida que sella el nicho en el que está, sino porque perdió el oído hace un mes, nada más morir.

− ¿Recuerdas que decíamos que habíamos logrado parar el tiempo? Pues no era así. Era únicamente nuestra perfección. No, espera, esa no era la palabra. ¡Percepción! Eso es. Nuestra percepción. Te explico. Aquí viene la metáfora. Imagíname en un tren que va a toda velocidad y que al mirar por la ventanilla lo que veo es a ti mirándome por la ventanilla de un tren que va junto al mío y a la misma velocidad. Por eso todo nos parecía como congelado, pero no era así Manolo, los trenes iban muy rápido, y ahora que tu tren no está, desde mi ventanilla no veo más que paisajes desaparecer, y sé que en realidad siempre fue así, los paisajes siempre estuvieron apareciendo y desapareciendo. Desde el principio. Y nosotros no los veíamos. Pero no te deprimas Manolo, no me tengas envidia, ahora soy consciente del paso del tiempo pero entiendo más bien poco de lo que veo. Supongo que ya es tarde. Ha sido mucho tiempo avanzando a ciegas como para ahora saber ubicarme. Y echo de menos tu tren. A ti en tu tren. Me parece todo tan fugaz…