Posts Tagged ‘Soledad’

h1

A mi imagen y semajanza

6 diciembre 2011

Mi atormentado discípulo, escucha atentamente, esta será la última de mis enseñanzas. Dentro de unos minutos moriré.

Descubre tu rostro.

Conoces las herramientas que posees. Hemos invertido mucho tiempo en mostrártelas bien. Las has ejercitado hábilmente, tanto las físicas como las mentales. Por supuesto no dudo de que eres consciente de que su poder excede a tus necesidades. Has de saber, si no lo has adivinado ya, que eso es una anomalía en una naturaleza por lo demás armoniosa. No encontrarás en este planeta nada igual a ti. En efecto. No encontrarás jamás compañía. Tanta diferencia lo impedirá.

No le busques sentido a lo que eres. La respuesta no es más que un dado que ha ido dando vueltas hasta quedar en equilibrio sobre una de sus esquinas. Único y extraño. Pero nada más. No hace falta nada más para ser que el estar.

Y sin embargo ahí es donde vivirás. No dejaras nunca de intentar entender y dar significado al caos. La inutilidad de la tarea te frustrará día tras día. Ni siquiera sentirás alivio tras hacer lo que vas a hacer ahora. Aun así, adelante. Es el justo pago por tu formación. Tus instintos merecen ser escuchados y yo ansío descanso. Tu comienzo es mi final.

Anuncios
h1

El cuerpo del delito

9 noviembre 2010

Sospecho que fui yo, aunque no recuerdo haber cometido el crimen.

Ellos, claro, no me creen.

Pero todo apunta a mi. Eso es cierto. Tenía el motivo y la oportunidad. No paran de insistir en esos puntos. Saben que mi vida es más cómoda desde entonces. Duermo mejor, estoy menos solo y no me llevo tantos palos. No puedo negar que me complicaba la vida. Y también saben, no son tontos, sobre las ocasiones que tuve para cometer el asesinato y que carezco de coartada para todas ellas.

Sin embargo lo que realmente me inculpa es el cuerpo del delito. Esa es la prueba que hace que incluso yo sospeche de mi. Llevo conmigo lo que indiscutiblemente parece el rostro del muerto. Quizá alguna arruga más y el gesto algo cambiado. Pero el parecido es más que evidente.

Tuve que ser yo. Al principio busqué culpables, señalé con el dedo en varias direcciones, pero pronto me di cuenta de que sólo estaba describiendo el escenario del crimen, sólo me intentaba exculpar con las circunstancias, sólo les estaba sirviendo en bandeja el motivo.

Fui yo. Yo lo maté. Y lo saben, claro que lo saben. Espero que sean clementes y que un día de estos dejen de atormentarme y pueda volver a dormir por las noches. Ahora no puedo ni caminar con la cabeza alta. Si no ceden tendré que tomar medidas. Deberían de temerme. Si acabara también con ellos ¿quien quedaría aquí para acusarme?

Nadie. Impunidad. Me pregunto que me detiene. Sería continuar el camino empezado.

Solo que aquel tipo se merecía algo más que morir en silencio

h1

Ay Lola

6 septiembre 2010

Ay Lola que te enamoraste otra vez, y que hasta lo admites, que ya es eso estar enamorada, no negarlo siquiera, con todo tu pasado a cuestas Lola, con toda la brasa que me has dado, que lo sabes, con todas esas tardes de ojeras negándote a contarme tus noches en blanco, con toda esa soledad Lola, toda esa soledad de no estar con quien quieres estar, y con toda mi preocupación y mi darle vueltas y vueltas y mira ahora Lola como sonríes, mira como tus ojos me miran culpables porque lo sabes Lola, sabes que de nada valió todo aquello, todo el dolor, que te costaba respirar, Lola, recuerda que me lo decías, que lo sentías en el pecho y yo te creía, y te creo Lola, que así era, y que te jodía saber que nunca podrías volver a volar como lo habías hecho, que el tiempo te levantaría pero que volar nunca más, que era imposible y ya ves Lola, otra vez poniéndote las bragas por la mañana con las manos de quien te las va a quitar en la cabeza, que débiles somos, que frágiles son siempre las alas, todo lo demás son pies en el suelo y de eso nada Lola, que si es verdad que me das miedo aún me das más envidia, que mírate, que yo estoy bien, ya sabes, como siempre, pero te miro y no sé, hazlo tú, mírate bien ahora, que eso es lo que vale Lola y que venga lo que tenga que venir, que vendrá pero que lo mismo ni te encuentra aquí Lola.

h1

En punto muerto

24 mayo 2010

Si tengo suerte acabaré como él. Llegaré a viejo y saldré a pasear por las mañanas ayudándome de un bastón. Puede que alguien se asome a una ventana, como yo hago ahora mismo, y me observe desaparecer tras una esquina, y pensará que allá voy, tan bien vestido como siempre aunque lleve años solo, paseando el tiempo por las calles a paso lento. Después de haber vivido tan rápido.

Eso haré si tengo suerte. Deambular para no tener que acordarme de ella, porque ni tocarla con el recuerdo querré por si cambio algo. Me dedicaré solo a imaginarla amaneciendo nuevos días y caminando nuevos lugares. Así serán mis horas si tengo suerte y me queda algo de papel en blanco cuando ya no tenga ni lápiz ni ganas de seguir escribiendo.

Esperaré paciente a que alguien allí arriba cierre el libro de tanto esperar a que aparezcan nuevos párrafos. Se aburrirá como yo me aburriré si tengo suerte y el dolor me lo permite.

Inspirado en “Standby”, de Extremoduro, introducida por “Ideario” de Francisco M. Ortega

h1

Los pecios

18 mayo 2010

No fue la marea lo que le había dejado inconsciente en la orilla. Ese había sido su primer pensamiento al abrir los ojos, pero pronto le llegaron recuerdos vagos en los que la suerte no aparecía ni se aliaba con las olas y en los que solo había dolor de brazos, y de piernas, y sal en la boca, y agua colándose en los pulmones, y tanto cansancio que nada más tocar tierra había debido desmayarse.

Se sentó en la arena mirando al mar y vio que él no era el único pecio del naufragio. Algunos restos flotaban a sólo cien metros de la orilla. Se imaginó boca abajo entre ellos como otra tabla inerte de madera llevada hasta allí por la deriva. Sin dolor de brazos. Pero a cien metros de la orilla.

En dos horas dio la vuelta a la isla y comprobó que estaba solo. Una típica historia de náufrago en una isla desierta. Casi típica, pensó mientras valoraba su situación. Decidió nadar hasta las tablas de madera para llevarlas a la orilla y disponerlas una junto a otra. Tras mirarlas durante unos minutos cambió su pretensión inicial de ocultarlas bajo tierra. Sería demasiado esfuerzo. Las intentaría quemar. Pero ya había anochecido y lo dejó para el día siguiente. Nada de fuego por la noche. Podrían encontrarle.

h1

Entre las ratas

2 diciembre 2009

Sé lo que pretendéis hijos de puta. Pensáis abandonarme. Rehacer vuestras vidas y dejarme aquí, entre cartones, viviendo del aire y de la basura, solo. ¿De que estáis huyendo? ¿De la lluvia cuando llueve? ¿del frío cuando hace frío? Id y buscad esa dignidad hecha de trajes y coches. De bonitas casas con la puerta cerrada. Id que solo con intentar ir ya os acariciarán el lomo. Como a los perros. Pero no contad conmigo. Soy yo el que os abandona a vosotros. Soy yo el que me bajo del carro y me quedo aquí entre las ratas. Y no creáis que no comprendo nada. Sé que las lentejuelas lucen más que estas mantas viejas. Pero abrigan menos. Os vais a morir de frío tumbados bajo el sol. Y os acordaréis de mi. Del tipo al que dejasteis solo. Hijos de puta.

h1

Candela Delgado II

18 mayo 2009

Candela Delgado tiene dos clases de secretos. Por un lado están las cosas que no le cuenta a nadie. Por otro lado las cosas que a nadie le contaría. En el primer grupo está todo lo que le pasa, todo lo que piensa, todo lo que conoce y todas las preguntas que se hace. La soledad viene con ese suplemento, a nadie cuentas nada.

Pero hay dos pequeños secretos que Candela Delgado diferencia de los demás. Dos secretos que lo seguirían siendo aunque la soledad no los hubiera protegido. Aunque de la nada surgiera alguien y se interesara sobre su vida, no tendría sentido contarlo. Se sentiría ridícula. Porque lo consideraba ridículo. Lo que le pasó. Ridículo. Que se convirtiera en secreto. Ridículo.

Los dos secretos se parecen pero no se deben confundir. Uno lo tuvo durante un tiempo. Era muy simple. Estaba enamorada. O muy complicado. Y lo ocultó. La persona de quien se enamoró, como siempre la no indicada, nunca se enteró. Nunca nadie se enteró.

Ahora ese secreto ya ha desaparecido. Murió como muere cada segundo cuando llega el siguiente. Candela Delgado ya no oculta que está enamorada, ahora oculta que se enamoró. Que se enamoró en secreto y que en secreto se desenamoró. Y no es lo mismo. También le provoca lágrimas pero no es lo mismo. Ni mucho menos lo mismo. Aunque Candela Delgado no logre decidir que es peor.