Posts Tagged ‘Tiempo’

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Trampas de supervivencia

15 julio 2011

– ¿Se puede decir “morí”? No me suena bien, ¿Tal vez mejor “fallecí”?

– Se puede decir, pero es siempre mentira.

– Lo escribiré. No será mentira cuando tú lo leas.

– Pero era mentira cuando tú lo escribiste.

– Eso es insignificante. ¿No es cierto que será una verdad durante mucho tiempo, mucho más de lo poco que va a aguantar siendo mentira?

– Visto asi…

– Pues eso. Morí.

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Un segundo

15 junio 2011

Los dos puntos rojos del despertador parpadeaban hace un momento. Estoy seguro de ello. Pero, ¿cuanto tiempo es hace un momento? ¿está siendo excesivo? Ahora, en la oscuridad, solo veo los cuatro dígitos invariables y me preocupa. No sé si todo se ha acabado y me he llevado al infierno la última foto fija que se grabó en la retina de mis ojos vivos, o si esto sólo es una especie de pausa y fuera de esta habitación también todo está como congelado hasta que de un momento a otro aparezcan de nuevo ambos puntos rojos en un nuevo parpadeo y en breve fuercen un cambio en los dígitos y con suerte yo estaré vivo.

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Paciencia

8 abril 2011

No llores hijo, que no tiene importancia. Eres joven, piensas que esto es el fin del mundo, y esto, hijo, no es nada más que una tontería. La vida te enseñará que el dolor no es una excepción. El dolor está constantemente al acecho y te echará sus redes en el instante que huela que estás vivo. Pero no te preocupes, hijo, que aprenderás a no oler a vida. Pasará el tiempo y mirarás con indiferencia lo que hoy te impide respirar. Vendrán noticias mucho peores, hijo, habrá amaneceres que te despierten con palabras que nunca podrás olvidar, palabras que caerán en tu pecho y te nublarán el entendimiento. Pero ten paciencia hijo, que descubrirás poco a poco que no hace falta morir para no sentir nada. Quedarás vacío y preparado para lo que venga. Y otro amanecer te contará que yo he muerto, y tu mueca, ya triste, no tendrá que variar mucho. Me acompañarás sereno en mi último viaje y al día siguiente volverás al trabajo. Y así es mejor hijo. Solo ten paciencia.

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El rompeolas

5 febrero 2011

Mi hijo murió hace dos semanas. Tenía 52 años. 52 años que ha dejado aquí abandonados para que yo los pueda repasar uno a uno. Él se ha ido como en un truco de magia, tirando una bomba de humo, y cuando se podía ver de nuevo el escenario allí estaban tirados sobre las tablas. 52 años. Uno a uno. Los recuerdo uno a uno.

Eligió una muerte rápida. No entraré en detalles pero eligió una muerte rápida. Igual que yo he elegido una lenta. Yo llevo 20 años con bastón y a él no le ha llegado a doler una articulación. Menudo cabronazo. Lo sabía desde el principio el cabronazo. Desde que empezó a hablar. Recuerdo que al poco de aprender a montar en bicicleta tuvo una caída terrible, se hizo una herida enorme en el brazo y cuando días después fui a quitarle el esparadrapo le pregunté si despacio o rápido. Él me miró extrañado, ¿Quién puede preferir despacio?, eso se preguntaba, estoy seguro, y aun no levantaba un palmo del suelo el muy cabrón, Del tirón papá, del tirón, decía…

Ay Dios mío, Fernando, como te echo de menos…

 

Si solo…

 

No sé, sólo hablar una vez a la semana y que me cuentes con prisas en que andas…

 

Ayer…

Ayer repasando fotos antiguas me encontré con una que debe ser anterior a que Fernándo naciera. Creo que es una postal que me regalo Julia, mi mujer, su madre, cuando éramos novios. Ella murió en el parto. El caso es que reconocí la zona que sale en ese amanecer, un rompeolas que hay algo después de acabar el paseo marítimo. Esta mañana he ido a andar por allí, si a lo que yo hago se le puede llamar andar. Las olas seguían reventando sobre las rocas y el agua resbalando por sus grietas de vuelta al mar. Incansablemente. Por las mismas grietas una y otra vez. ¿Cuántas veces desde entonces? ¿Cuantas millones de veces el agua ha resbalado por esas grietas desde que nació Fernando? Da igual. Si me fijo en una roca concreta no logro hallar ni una pequeña diferencia en su forma actual con respecto a la foto. Hablan de la fuerza del agua, pero es mentira. Lo que tiene fuerza es el tiempo. Da igual que sea agua, el aire de mis pulmones o las pisadas del insecto más pequeño. Lo único que hace falta para cambiar algo, o incluso para hacerlo desaparecer, es tiempo. Y para esa roca no ha pasado ni un segundo. Ni un puto segundo. Tengo que volverme a fijar. Tiene que haber alguna diferencia. Sería injusto que no la hubiera.

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Trenes

29 diciembre 2010

− Manolo tengo una metáfora que explica lo que me pasa. La leí ayer. Debe ser que es bastante común.

Manolo no escucha nada, y no sólo por la lápida que sella el nicho en el que está, sino porque perdió el oído hace un mes, nada más morir.

− ¿Recuerdas que decíamos que habíamos logrado parar el tiempo? Pues no era así. Era únicamente nuestra perfección. No, espera, esa no era la palabra. ¡Percepción! Eso es. Nuestra percepción. Te explico. Aquí viene la metáfora. Imagíname en un tren que va a toda velocidad y que al mirar por la ventanilla lo que veo es a ti mirándome por la ventanilla de un tren que va junto al mío y a la misma velocidad. Por eso todo nos parecía como congelado, pero no era así Manolo, los trenes iban muy rápido, y ahora que tu tren no está, desde mi ventanilla no veo más que paisajes desaparecer, y sé que en realidad siempre fue así, los paisajes siempre estuvieron apareciendo y desapareciendo. Desde el principio. Y nosotros no los veíamos. Pero no te deprimas Manolo, no me tengas envidia, ahora soy consciente del paso del tiempo pero entiendo más bien poco de lo que veo. Supongo que ya es tarde. Ha sido mucho tiempo avanzando a ciegas como para ahora saber ubicarme. Y echo de menos tu tren. A ti en tu tren. Me parece todo tan fugaz…

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El cuerpo del delito

9 noviembre 2010

Sospecho que fui yo, aunque no recuerdo haber cometido el crimen.

Ellos, claro, no me creen.

Pero todo apunta a mi. Eso es cierto. Tenía el motivo y la oportunidad. No paran de insistir en esos puntos. Saben que mi vida es más cómoda desde entonces. Duermo mejor, estoy menos solo y no me llevo tantos palos. No puedo negar que me complicaba la vida. Y también saben, no son tontos, sobre las ocasiones que tuve para cometer el asesinato y que carezco de coartada para todas ellas.

Sin embargo lo que realmente me inculpa es el cuerpo del delito. Esa es la prueba que hace que incluso yo sospeche de mi. Llevo conmigo lo que indiscutiblemente parece el rostro del muerto. Quizá alguna arruga más y el gesto algo cambiado. Pero el parecido es más que evidente.

Tuve que ser yo. Al principio busqué culpables, señalé con el dedo en varias direcciones, pero pronto me di cuenta de que sólo estaba describiendo el escenario del crimen, sólo me intentaba exculpar con las circunstancias, sólo les estaba sirviendo en bandeja el motivo.

Fui yo. Yo lo maté. Y lo saben, claro que lo saben. Espero que sean clementes y que un día de estos dejen de atormentarme y pueda volver a dormir por las noches. Ahora no puedo ni caminar con la cabeza alta. Si no ceden tendré que tomar medidas. Deberían de temerme. Si acabara también con ellos ¿quien quedaría aquí para acusarme?

Nadie. Impunidad. Me pregunto que me detiene. Sería continuar el camino empezado.

Solo que aquel tipo se merecía algo más que morir en silencio

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Fuera de su tiempo

11 octubre 2010

Julio dio por finalizada su vida hasta entonces. A mi nada me ha contado de ella por más que alguna vez le he preguntado. Dice que es la vida de otra persona y que no le gusta hablar de otra gente.

El caso es que se vio ante la disyuntiva de elegir quien ser a partir de ese momento. Mientras abría el catálogo de personalidades pensaba que lo coherente sería optar por alguien a quien él mismo admirara. De primeras podría haber elegido ser un “héroe de hoy en día” (así venía encabezada una de las páginas mas gastadas del catálogo), un joven bien formado y hecho a si mismo, concienciado nivel 2 (separo plásticos, orgánica, papel, vidrio, aceite usado y pilas), con un innegable atractivo físico, buena gente pero no tonto, inteligente, seguro de si mismo y dotado de un gran sentido de humor que le permita poder reírse de todo.

A punto estaba Julio de no encontrar razones para seguir buscando cuando cayó en la cuenta de algo que le chirriaba. Tal vez era un capricho pero el prefería una característica ausente en esa personalidad. Fue al índice del catálogo y buscó entradas de héroes con la etiqueta “Fuera de su tiempo” (una nota al pie aclaraba que eran héroes de hoy en día de ediciones anteriores). ¿Rubio joven y voluntarioso, trabajador, enamoradísimo y bueno a más no poder? ¿moreno de mediana edad y un poco de vuelta de todo, con cigarro, descreído y gris pero con buen corazón en el fondo? ¿rebelde con causa al que no doman los palos de la vida? ¿triunfadora e independiente con un gran presupuesto en sus manos?

Julio cerró el catálogo con disgusto. Pensó que para él ese “Fuera de su tiempo” que tanto le atraía era más bien “Por delante de su tiempo”. Eso, por definición, no lo iba a encontrar en ningún catálogo. Tenía que hacerlo él mismo. Pero a la vez debía evitar que quien era en ese momento, ese producto de su tiempo que aprueba con la cabeza mientras lee la página más gastada del catálogo, definiese quien iba a ser. Sólo se le ocurrió una posibilidad.

El azar. Era arriesgado, no tenía por que conseguir su objetivo, pero le pareció que era la única manera que no garantizaba el fracaso en su empresa. Relleno papelitos con rasgos de personalidad y llevó a cabo un sorteo. He de confesar que ante mi incredulidad Julio siempre ha afirmado que le costó muy poco trabajo ser quien es ahora. Y no sé… a mi caerme me cae bien. Pero la verdad es que lo de héroe, lo de hombre fuera de su tiempo, no lo acabo de ver. Yo creo que es un tipo normal. Aunque una historia que contar sí que tiene. Y puede que dos si se decide a hablar de otra gente.