Posts Tagged ‘Vida’

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Vencedores

13 enero 2012

− No es que sea un perdedor, mi amigo José, pero desde luego no es un ganador. Ya desde muy joven se le veía la falta de ambición. Este se va a quedar en el pueblo, pensabamos, y así ha sido.
»Ahora nos mirará con envidia el pobre, distribuidos por el mundo en los trabajos más diversos, la vieja pandilla, mientras él sigue allí en medio de la nada. Viendo pasar las estaciones. Eso es lo que hace. Y un viaje anual y la barbacoa de los domingos con su mujer y sus hijos. Su taller no le da para mucho más.
»A veces viene a verme y se le ve contento con su vida. Pero el pobre infeliz escucha con tanto interés mis batallas que me veo obligado a restarles importancia.
»Habrá que hacer algo para que sus hijos no sigan su ejemplo. Habrá que mostrarles lo que el mundo puede ofrecerles, meterles la ambición en el cuerpo, las ganas de prosperar. Prosperar hacia donde pregunta mi amigo José. El pobre…

− Lo siento pero son las siete ya. Por hoy basta. Mañana a la misma hora. No olvide tomar su medicación. Y si continúa sin poder dormir intente leer o cocinar o cualquier otra cosilla antes que quedarse en la cama, ¿de acuerdo?

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Borrones

28 febrero 2011

A veces sucede que tropiezas. Vas caminando por el tiempo, día a día, año a año, más o menos en la dirección que te has marcado, doblando cuando hay que doblar, acelerando cuando hay que acelerar, y de repente en un descuido tropiezas, trastabillas y cuando abres los ojos tras parpadear no sabes siquiera donde estás. Y te preguntas como has llegado ahí, consciente de que ninguna previsión que hubieras hecho hubiera acertado con el sitio en el que te ves. Y piensas en las sorpresas que la vida esconde tras sus esquinas.

Otras veces pasa el tiempo y no tropiezas. Reflexionas mirando atrás y ves que hoy estás cerca de donde podías haber previsto que ibas a estar. Y se supone que uno tendría entonces que levantar la cabeza orgulloso de que está siguiendo su camino, pero no lo haces. En su lugar arrastras los pies por si hubiera algún desnivel en el suelo y miras distraído al cielo para no verlo venir y así no poder evitarlo y poder abrir los ojos luego con sorpresa frente a un espejo. Porque el azar construye vidas más interesantes. Y nosotros, arquitectos del aburrimiento, en un ejercicio de humildad no podemos más que contar los borrones que adornan los planos que en su día dibujamos. Y aceptar nuestra mediocridad.

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Autopoda

6 octubre 2010

Está bien, os lo contaré. No había cumplido 30 años cuando empecé a sentirme viejo y a aterrorizarme con la idea de la muerte. No el morir, entendedme, sino la muerte. Fue entonces…

Imaginad que tuviésemos la opción de que se nos ofreciese un año más de vida a cambio de un dedo de la mano. Un año más del tiempo del que nos tocaría por cada uno de los diez dedos. ¿Pensáis que alguien moriría con todos sus dedos? Más bien serían muchos los que no se llevarían al otro lado más que dos muñones al final de los brazos.

Como decía, entonces comenzaron aquellos sueños. Me dormía después de dar mil vueltas en la cama pensando en todo lo que ya no iba a poder hacer. Al final conseguía cerrar los ojos pero sólo para ver como aquella figura se acercaba a mi y me prometía un año de vida, nada menos que un año más de vida, a cambio de renunciar a una parte de mi.

Pero no era por los dedos. Al principio las ofertas eran fáciles de aceptar. Lo primero fue la creencia en amores imposibles. Fuera. Casi me parecía que le estaba engañando. Me fui deshaciendo de capas que parecían no aportarme más que frustración, querer cambiar el mundo, desear volar y demás tonterías. Más tarde, ya sin inquietudes de las que tirar, empecé a renunciar a otros valores. No me pondré pesado describiendo todo lo que ya no soy, pero haceros una idea: lo último ha sido la empatía. No pretendo engañaros. No todas las decisiones fueron fáciles de tomar. El truco está en el orden. Las cuestiones morales no pueden ir al final.

Ahora se que al menos me quedan unos cuantos años por delante, aunque sea mutilado. No me miréis con ese desprecio con el que lo hacéis. ¿Acaso vosotros no habéis hecho igual que yo? Pensad que pasaría si hubierais aceptado renunciar a recordar esos sueños. Yo eso no lo he hecho. Todavía. Por lo demás ¿os veis diferentes a mi?

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Hacia el electrocardiograma plano

16 julio 2010

Con poco más de 5 años, a Nacho le regalaron un barco pirata. Aun siendo uno de juguete le hacía mucha ilusión. Mientras retiraba la envoltura ya imaginaba lo que había dentro. Era un chico muy listo. La caja apareció por fin y Nacho la sacudió cuidadosamente para escuchar las piezas del interior sonar. Con los mofletes doloridos de sonreir pensó que la vida es el mayor de los bienes y el mundo un lugar fantástico.

Un año después, estando con sus padres de visita en casa de unos familiares, le regalaron una piruleta. Nacho, un chico muy listo, no lo olvidemos, la guardó para luego disfrutarla tranquilamente en su casa. Sin embargo, después en su habitación, con la piruleta a punto de acomodarse sobre su lengua, su madre se corporizó enfrente suya como recién llegada del Oeste de Oz. Se la quitó justo a tiempo argumentando que era malo para los dientes. Nacho se tiró en la cama boca abajo mientras sollozaba de manera contenida. Pensaba que la vida era una mierda y que no tenía sentido continuar.

Tenía 23 años cuando acabó la carrera. Para celebrarlo decidió no organizar unas fiestas de interés turístico internacional y dejarlo en salir a tomar una cerveza con un par de amigos. Esa misma tarde al echar un vistazo a su más que decente certificado académico, repito que era un tipo listo, pensó que aquello era la recompensa a muchos años de esfuerzos. Mientras se vestía para salir Nacho sonreía perezosamente.

Dos años después un Nacho enamorado encajaba la ruptura de una relación con un “no pasa nada”, todo un clásico de chicos listos que quieren conservar un mínimo de orgullo. Cuando ella se dio la vuelta y se marchó, él permaneció repitiéndose ese “no pasa nada” sorprendido al descubrir que además era verdad. No tardó mucho en darse también la vuelta y algo alicaído, eso sí, se dirigió a su casa pensando en la programación de televisión aquella noche.

Nacho tenía 43 años cuando acertó una quiniela. Para que luego haya dudas de que es un tipo listo. La cantidad era suficiente para pagar todo lo que le quedaba de hipoteca y decidió que ese era el uso que le iba a dar. Hizo todo el papeleo y días mas tarde cayó en la cuenta de que no le había comentado a nadie la gran noticia. Estuvo a punto de llamar a su madre pero no lo hizo. Tampoco la cosa merecía tanto la pena.

Su padre murió cinco años después. En el trabajo tenía derecho a cuatro días de ausencia ya que tenía que desplazarse de ciudad. Sin embargo Nacho solo se tomó dos días libres y volvió al trabajo con la excusa de que prefería tener su mente ocupada. Le sabía mal admitir que quería acabar unas tareas en las que estaba liado esos dias y prefirió mentir antés de que pareciera que no le importaba demasiado la muerte de su padre. Ya se sabe. Un tipo listo.

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La broma macabra

16 junio 2010

Braulio es el viejo que se sienta en el banco de la estación que queda enfrente de los servicios. Pasa allí la tarde porque disfruta sabiendo que las chicas que entran están a punto de bajarse las bragas. Cuando un minuto después salen, Braulio se excita pensando en lo cerca que ha estado de verles lo que esconden.

Rosario después de una semana se sigue ruborizando cuando el enfermero del hospital le pone la cuña. Por eso le alivia ver aparecer una enfermera tras pulsar el llamador. Con ellas se relaja y habla orgullosa de su hijos que quizá no tarden en venir. Él muy guapo y con mucho trabajo, y ella, tan inteligente, ya le ha dado dos nietos.

Carlos aun no se llama Carlos porque acaba de nacer. Llora casi constantemente y, aunque nadie lo sabe, lo hace por todo lo que no llorará cuando se parezca a los demás.

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La pérdida

8 junio 2010

No me es fácil contártelo ahora que todo me importa una mierda, sin embargo el hecho de que vaya a hacer el esfuerzo, me refiero a hablarte de ello, puede indicar que no todo está perdido. Si no es así, ¿por qué el avisarte? ¿Para qué gastar un solo segundo en esto y encima quedar como un sabelotodo reparte lecciones si todo me diese igual? Quizá no esté tan muerto como creía.

Algo perdí ¿sabes? Con tu edad no solo quería cambiar el mundo sino que lo consideraba mi obligación. Recuerdo que por entonces el tiempo no parece tan finito como es y casi cree uno que podrá hasta disfrutar de las mejoras. Pero escúchame, algo perdí. Me convertí en una herramienta. De un ser vivo pasé a ser eso, una herramienta. Me prometí no reír mientras alguien llorase y a base de voluntad dejé de lado la diversión, el descanso, el amor, los miedos. Sacrifiqué todo aquello que consideraba concesiones, y cuando me quise dar cuenta, con todo eso se fue también lo demás. Como si la empatía por la vida de otros necesitara de vida dentro de mi. Algo perdí y en su lugar sólo quedó inercia. ¿Me oyes? Inercia.

Es verdad que sólo soy un viejo dando consejos, créeme si te digo que casi me desprecio por ello, pero ten en cuenta que puedo mirar desde lejos la mayor parte de lo vivido. Tal vez vea peor los detalles del cuadro, pero no negarás que por otro lado lo veo casi entero. Por eso te cuento todo esto. Pensarás que chocheo pero no es así. Hazme caso, la inercia es mal motor. Mantente vivo.

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El individuo

2 junio 2010

Llevo una semana despierto después de haber estado cinco años en coma. A quien pueda interesar le comento ciertas observaciones que me perturban:

Primero. El mundo, visto con la suficiente perspectiva, es exactamente igual esté yo o no. Si se acerca la vista lo suficiente se puede distinguir el lugar en el que yo estaba. El lugar si, el hueco no.

Segundo. Si me encuentro a la gente que veía antes con frecuencia, mi sensación es de que hace solo unos días que no les veo. Los cinco años que sí han pasado por delante de sus ojos van apareciendo en pocos segundos. Por alguna razón esto me causa desasosiego. Sin excepciones.

Tercero. Ayer me crucé con alguien a quien no veía desde hace más de cinco años y que ignoraba lo que me había pasado. Cuando se interesó por cambios en mi vida pensé en como iba a cambiar nada si para mi no habían pasado más que algunos días. Lo pensé sinceramente, pero hubiera mentido al decirlo.